-LIBERTAD DE EXPRESION-

"Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideraciones de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección y gusto."

"No he venido a traer paz, sino espada" San Mateo. X,34


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martes, 12 de febrero de 2013

PROYECCIÓN EN VALENCIA PELICULA SOBRE MONS. LEFEBVRE


En estos momentos convulsos tras el anuncio de dimisión del Papa, es más interesante que nunca el conocer la alternativa Tradicional al modernismo y liberalismo imperante en Roma. Estás invitado a asistir a la proyección de la película sobre Mon. Lefebvre y la posterior tertulia, será una buena ocasión de volver a vernos. Si piensas que puedes conocer a alguien interesado en asistir, no dudes en informarle de este evento. Gracias y hasta la vista.

viernes, 26 de octubre de 2012

CARTA ABIERTA A MONS. BERNARD FELLAY SOBRE SU EXPULSIÓN. POR MONS. RICHARD WILLIAMSON


Londres, 19 octubre 2012. Excelencia : Gracias por su carta del 4 de octubre en donde usted me comunica de parte suya, del Consejo General y del Capítulo General, su “constatación”, “declaración” y “decisión” de que ya no soy miembro de la Fraternidad San Pio X. Las razones que usted da para su decisión de expulsar a su servidor serían las siguientes: «él ha continuado la publicación de sus “Comentarios Eleison”; él ha atacado a las autoridades de la Fraternidad; ha hecho un apostolado independiente, él ha causado confusión entre los fieles; él ha apoyado a los sacerdotes rebeldes; él ha desobedecido de manera formal, obstinada y “pertinaz”; él se ha separado de la Fraternidad; él no se somete a ninguna autoridad. ¿Todas estas razones no se pueden resumir en la desobediencia?» Sin duda, en el curso de los doce últimos años, su servidor ha tenido palabras y acciones que han sido, delante de Dios, inapropiadas y excesivas, pero creo que le sería suficiente que se los señalaran en particular para poder excusarse, según la verdad y la justicia. Pero sin duda nosotros estamos de acuerdo de que el problema esencial no se sitúa en los detalles, que se resumen en una sola palabra: la desobediencia. Entonces, por principio notemos cuántas órdenes mas o menos desagradables del Superior General, su servidor ha obedecido sin falta. En el 2003, él ha dejado un importante apostolado en los Estados Unidos para ir a la Argentina. En el 2009, el dejó su cargo de director del seminario y dejó la Argentina para enmohecerse en una buhardilla en Londres, sin palabra ni ministerio episcopal, porque estaba prohibido. No le quedaba virtualmente mas que el ministerio de los “Comentarios Eleison” cuya negativa a suspenderlos constituye la mayoría de esta “desobediencia” que se le reprocha. Y desde 2009, a los Superiores de la Fraternidad se les ha permitido desacreditarlo e injuriarlo tanto como quisieran, y en todo el mundo han alentado a todo miembro de la Fraternidad que deseara hacerlo también. Vuestro servidor ha reaccionado muy poco, prefiriendo el silencio a las confrontaciones escandalosas. Podríamos decir igualmente que se obstinó en no desobedecer. Pero veamos, que el verdadero problema no está allí. Entonces, el verdadero problema ¿dónde se sitúa? Para responder, que se le permita al acusado de echar un vistazo rápido a la historia de la Fraternidad de la cual quieren separarle. En efecto, el problema central viene de lejos. A partir de la Revolución Francesa de finales del siglo XVIII, en muchos de los estados anteriormente cristianos, se comenzó a establecer un nuevo orden mundial, concebido por los enemigos de la Iglesia para expulsar a Dios de su creación. Se comenzó reemplazando el Antiguo Régimen, o el Trono que sostenía el Altar, por la separación de la Iglesia y el Estado. Resultó una estructura de la sociedad que es radicalmente nueva y difícil para la Iglesia, porque el Estado, a partir de entonces ateo, terminaría por oponerse con todas sus fuerzas a la religión de Dios. En efecto, los masones quieren reemplazar el verdadero culto de Dios por el culto de la libertad del cual el Estado neutro en religión no es mas que un instrumento. Así comienza en los tiempos modernos una guerra implacable entre la religión de Dios, defendida por la Iglesia Católica, y la nueva religión del hombre liberal, ya liberado de Dios. Estas dos religiones son irreconciliables tanto como Dios y el demonio. Hay que escoger entre el catolicismo y el liberalismo. Pero el hombre no quiere tener que elegir entre el oro y el moro. Quiere tener los dos. En el rastro de la Revolución, encontramos a Felicité de Lamennais que inventó el catolicismo liberal, y a partir de ese momento, la conciliación de lo irreconciliable se convierte en moneda corriente en el interior de la Iglesia. Durante 120 años, la misericordia de Dios dio a su Iglesia una serie de papas, de Gregorio XVI a Pio XII, quienes en su mayoría vieron claro y se mantuvieron firmes, pero un número de fieles siempre creciente se inclinaban hacia la independencia en relación a Dios y hacia los placeres materiales a los que el catolicismo liberal les facilitaba grandemente el acceso. Una corrupción progresiva llegó a los obispos y sacerdotes, y entonces Dios terminó por permitirles escoger el género de papas que ellos prefirieran, a saber, los que parecen ser católicos pero que en realidad son liberales, que hablan a la derecha pero actúan a la izquierda, y que se caracterizan entonces por la contradicción, la ambigüedad, la dialéctica hegeliana, y en breve, por la mentira. Esta es la Neo-Iglesia del Vaticano II. No podía ser de otra manera. No es mas que un sueño el que se puedan reconciliar realidades que son irreconciliables. Pero Dios –palabras de San Agustín- «no abandona a las almas que no quieren abandonarlo», y entonces Él viene a la ayuda del pequeño rebaño de almas católicas que no quieren seguir la suave apostasía del Vaticano II. Él crea a un arzobispo que resistirá a la traición de los prelados conciliares. Respetando la realidad, no tratando de conciliar lo irreconciliable, negándose a soñar, éste arzobispo habla con claridad, coherencia y verdad que hace que las ovejas reconozcan la voz del divino Maestro. La Fraternidad sacerdotal que él funda para hacer verdaderos sacerdotes católicos comienza a pequeña escala, pero rechazando resueltamente los errores conciliares y su fundamento en el catolicismo liberal, atrayendo a los verdaderos católicos del mundo entero y ello constituye la espina dorsal de todo un movimiento en la Iglesia al cual le llaman Tradicionalismo. Pero este movimiento es insoportable para los hombres de la neo-Iglesia que quieren reemplazar el catolicismo por el catolicismo liberal. Ayudados por los medios de comunicación y los gobiernos, ellos hicieron todo para desacreditar, deshonrar y desterrar al valiente arzobispo. En 1976, Paulo VI lo suspendió a Divinis, y en 1988, Juan Pablo II lo “excomulgó”. Este arzobispo exasperaba soberanamente a los papas conciliares, porque su voz en la verdad arruinaba efectivamente su sarta de mentiras y ponía en peligro sus traiciones. Y bajo su persecución, y también de su “excomunión”, él se mantiene firme y con él muchos de los sacerdotes de su Fraternidad. Esta fidelidad a la verdad obtiene de Dios para la Fraternidad doce años de paz interior y de prosperidad exterior. En 1991, el gran arzobispo muere, pero todavía durante nueve años, su obra continúa en la fidelidad a los principios anti liberales sobre los cuales él la construyó. Entonces ¿qué harán los romanos conciliares para superar esta resistencia? Ellos cambiarán el palo por la zanahoria. En el año 2000, una gran peregrinación de la Fraternidad para el Año del Jubileo, se muestra en las basílicas y las calles de Roma, la piedad y el poder de la Fraternidad. Los romanos se impresionan a pesar de ellos. Un cardenal invita a los obispos a un desayuno suntuoso a su casa, invitación que es aceptada por tres de ellos. Inmediatamente después de este desayuno aparentemente fraternal, los contactos con Roma y la Fraternidad que se habían enfriado bastante después de doce años, se retoman y con ello empieza la poderosa seducción por los botones escarlatas, -por así decirlo-, y los pisos de mármol. Los contactos se encienden tan rápidamente que para el fin de año muchos sacerdotes y fieles de la Tradición clamaban por una conciliación entre la Tradición católica y el Concilio liberal. Esta conciliación no tiene éxito por el momento, pero el lenguaje del Cuartel General de la Fraternidad en Menzingen empieza a cambiar, y en los doce años futuros se mostrarán cada vez menos hostiles a Roma y más acogedores hacia las autoridades de la Iglesia conciliar, hacia los medios y el mundo. Y, poco a poco la conciliación con los irreconciliables se prepara en la cabeza de la Fraternidad, en su cuerpo de sacerdotes y laicos la actitud deviene poco a poco haciéndose más benigna hacia los papas y la Iglesia Conciliar, hacia todo lo que es mundano y liberal. Después de todo, el mundo moderno que nos rodea, ¿era tan malo como nos lo habían hecho creer? Este avance del liberalismo en el interior de la Fraternidad, aparentemente imperceptible para la gran mayoría pero percibido por una minoría de sacerdotes y de fieles, se descubrió a muchos en la primavera de este año cuando, luego del fracaso de las discusiones doctrinales en la primavera del 2011, la política católica de “no al acuerdo práctico sin acuerdo doctrinal” se convirtió, de un día para otro, en la política liberal de “No al acuerdo doctrinal, luego, acuerdo práctico”. Y a mediados de abril el Superior General le ofreció a Roma, como base de un acuerdo práctico, un texto ambiguo, abiertamente favorable a esta “hermenéutica de la continuidad” que es la receta bien amada de Benedicto XVI para conciliar, precisamente, ¡el Concilio con la Tradición! “Necesitamos una nueva forma de pensar” dirá el Superior General a mediados de mayo a los sacerdotes del distrito de Austria de la Fraternidad. Dicho de otro modo, el jefe de la Fraternidad fundada en 1970 para resistir a las novedades del Concilio, propone conciliarla con el Concilio. Hoy en día, ella es conciliante. ¡Mañana deberá hacerse plenamente conciliar ! Apenas puede creerse que la obra de Monseñor Lefebvre haya sido dirigida para poner entre paréntesis los principios sobre los cuales él la fundó, pero ese es el poder de seducción de las fantasías de nuestro mundo sin Dios, modernista y liberal. No obstante, la realidad no se deja doblar por las fantasías, y forma parte de la realidad que no se puedan deshacer los principios de un fundador sin deshacer su fundación. Un fundador tiene las gracias particulares que ninguno de sus sucesores tiene. Como escribió el Padre Pío cuando los superiores de su Congregación se pusieron a “renovarla” según el nuevo pensamiento del Concilio apenas terminado: “¿Qué hacen ustedes del Fundador?”. El Superior General, el Consejo General y el Capítulo General de la FSSPX han querido retener como mascota a Monseñor Lefebvre, de todas maneras ellos tienen un nuevo pensamiento que pasa de lado a las razones gravísimas por las cuales él fundó la Fraternidad. Ellos la llevan a su ruina por una traición por lo menos objetiva, completamente paralela a la del Vaticano II. Pero seamos justos y no exageremos. Desde el principio de ésta lenta caída de la Fraternidad, siempre hubo sacerdotes y fieles que vieron claro y que hicieron lo que pudieron para resistir. En la primavera de este año, esta resistencia tomó una cierta consistencia y amplitud, de suerte que el Capítulo General del mes de julio puso cuando menos un obstáculo al camino del ralliement. ¿Pero éste obstáculo lo hará? Se puede temer que no. Delante de unos cuarenta sacerdotes de la Fraternidad reunidos en un retiro sacerdotal en Ecône en el mes de septiembre, el Superior General, refiriéndose a la política romana confesó: “Me equivoqué” ¿De quién es la culpa? “Los romanos me engañaron”. Igualmente, de esta grave crisis de primavera, resultó “una gran desconfianza en la Fraternidad”, dijo él, que habría que “reparar con los hechos y no solamente con palabras”, pero ¿de quién es la culpa? Hasta ahora, sus acciones desde el mes de septiembre, comprendiendo esta carta del 4 de octubre, indican que la toma en contra de los sacerdotes y laicos han provocado que no tengan confianza en él, su jefe. Después del Capítulo, como antes, parece que no soporta ninguna oposición a su política conciliadora y conciliar. Y he aquí la razón por la cual el Superior General ha dado varias veces la orden formal de cerrar los «Comentarios Eleison». En efecto, estos “comentarios” han criticado en repetidas ocasiones la política conciliadora hacia Roma por parte de las autoridades de la Fraternidad, y por estos comentario los ha atacado implícitamente. Pero, si en esta crítica y estos ataques ha habido faltas a la norma de respeto a su oficio o a sus personas, con mucho gusto le pido perdón a quien se lo deba, pero creo que es suficiente recorrer los números concernientes de los “Comentarios” para constatar que la crítica y los ataques han permanecido normalmente impersonales, porque van mucho más allá solamente de las personas. En cuanto al gran problema que sobrepasa con creces las personas, consideremos la gran confusión que reina actualmente en la Iglesia y en el mundo, y que pone en peligro la salvación eterna de un sinnúmero de almas. ¿No es el deber de un obispo identificar las verdaderas raíces de esta confusión y denunciarlas en público? ¿Cuántos obispos en todo el mundo ven claro como Monseñor Lefebvre lo hacía, y dan una enseñanza que corresponde a esta claridad? ¿Cuántos de entre ellos enseñan todavía la doctrina católica tal cual? ¿No son muy pocos ? Entonces ¿Es éste el momento de buscar el reducir al silencio a un obispo que lo hace, como lo prueban el número de almas que reciben el “Comentario” como una tabla de salvación? ¿Y cómo otro obispo en particular puede querer cerrarlos, él que admitió frente a sus sacerdotes que sobre las mismas grandes cuestiones se dejó embaucar, y esto durante largos años? Igualmente, si el obispo resistente ha dado en efecto –por primera vez en casi cuatro años- un apostolado independiente, ¿cómo le pueden reprochar haber aceptado una invitación, independiente de la Fraternidad, para confirmar y para predicar en términos de la verdad? ¿No es la función de un obispo? Su discurso en Brasil ha creado “confusión” para aquellos que siguen el reconocido error mencionado anteriormente. Y si parece que después de años se separa de la Fraternidad, es justo, pero se separa de la Fraternidad conciliante y no de aquella fundada por Monseñor Lefebvre. Y si parece que se muestra insumiso a todo ejercicio de autoridad de parte de los jefes de la Fraternidad, es también justo, pero solamente por las órdenes que van al encuentro de los objetivos por los cuales ella ha sido fundada. De hecho, ¿a qué otras órdenes fuera de la de cerrar los “Comentarios” puede afirmarse que he sido culpable de una desobediencia “formal, obstinada y pertinaz”? ¿Hay alguna otra? La desobediencia de Monseñor Lefebvre, no fue sino para los actos de autoridad de los jefes de la Iglesia que eran capaces de destruir la Iglesia, su desobediencia era más aparente que real. Igualmente, la “desobediencia” de aquél que no ha querido cerrar los “Comentarios” es más aparente que real. Porque la historia se repite, y el diablo siempre vuelve a la carga. Igual que ayer, el Concilio trata de conciliar la Iglesia Católica con el mundo moderno, así hoy se diría que Benedicto XVI y el Superior General quieren, los dos, conciliar a la Tradición católica con el Concilio; así mañana, si Dios no interviene de aquí a entonces, los jefes de la Resistencia católica buscarán reconciliarla con la Tradición ya conciliar. En breve, Señor Superior Genera, usted puede ahora proceder a expulsarme, porque mis argumentos seguramente no lo persuadirán, pero esta expulsión será más aparente que real. Yo soy miembro de la Fraternidad de Monseñor Lefebvre por mi compromiso a perpetuidad. Yo soy uno de sus sacerdotes desde hace 36 años. Yo soy uno de sus obispos, como usted, después de casi un cuarto de siglo. Esto no se puede tachar con un trazo de bolígrafo, y por lo tanto, me quedo como miembro de la Fraternidad, en espera. Si usted hubiera sido fiel a su herencia y yo hubiera sido notablemente infiel, yo reconocería gustosamente su derecho a expulsarme. Siendo las cosas como son, espero no faltar al respeto hacia su oficio si le sugiero que por la gloria de Dios, por la salvación de las almas, por la paz interior de la Fraternidad, y por su propia salvación eterna, usted haría mejor renunciando como Superior General que expulsándome a mí. Que Dios le de la gracia, la luz y las fuerzas necesarias para cumplir con tal acto insigne de humildad y de devoción al bien común de todos. Como frecuentemente he terminado las cartas que le he dirigido desde hace años, Dominus tecum, +Richard Williamson.

Comunicado de la Casa General de la Fraternidad San Pío X (24 de octubre 2012)


Monseñor Richard Williamson, habiéndose distanciado de la dirección y del gobierno de la FSSPX desde hace varios años, y negándose a manifestar el respeto y la obediencia debidos a sus superiores legítimos, fue declarado excluido de la FSSPX por decisión del Superior General y del Consejo, el 4 de octubre de 2012. Un último plazo le había sido concedido para conformarse a lo dispuesto, al término del cual anunció la difusión de una “carta abierta” pidiendo al Superior General que renunciara. Esta dolorosa decisión se hizo necesaria en atención al bien común de la Fraternidad San Pío X y de su buen gobierno, de conformidad con lo que Mons. Lefebvre denunciaba: “Es la destrucción de la autoridad. ¿Cómo puede ejercerse la autoridad si es necesario que ella pida a todos los miembros que participen en el ejercicio de la autoridad?” (Ecône, 29 de junio de 1987) Dado en Menzingen, a 24 del mes de octubre de 2012

viernes, 10 de agosto de 2012

DOCTRINA SOCAVADA; M. WILLIAMSON

Doctrina socavada Comentario Eleison CCLIV Se han escrito libros enteros sobre el asunto de la libertad religiosa tal como ha sido enseñada por el Vaticano II en su Declaración de 1965, Dignitatis Humanae. Sin embargo, la enseñanza Revolucionaria de este documento es clara: dada la dignidad natural de cada individuo humano, ningún Estado o grupo social o ningún poder humano puede obligar o forzar a ningún hombre o grupo de hombres a actuar, en privado o en público, contra sus propias creencias religiosas, siempre y cuando el orden público se mantenga incólume. (D.H.#2). Al contrario la Iglesia católica enseñó siempre hasta el Vaticano II que cada Estado en cuanto tal tiene el derecho y aún el deber de prohibir a sus ciudadanos practicar en público cualquier falsa religión, es decir todas las religiones no católicas, en la medida que tal prohibición ayude y no dañe la salvación de las almas. (Por ejemplo en el 2012 la libertad está tan ampliamente adorada que tal prohibición escandalizaría a los ciudadanos de casi todos los Estados y haría solamente que ellos desprecien y no aprecien, la religión católica. En este caso, como la Iglesia siempre lo enseñaba, el Estado puede abstenerse de usar de su derecho de prohibir las falsas religiones). Ahora bien, el punto preciso sobre el cual estas dos doctrinas se contradicen entre si, puede parecer bien limitado – sea o no que un Estado pueda prohibir la práctica pública de las falsas religiones – pero las consecuencias son enormes: ¿es Dios el Señor o el sirviente de los hombres? Por un lado, si el hombre es una criatura de Dios y si es por naturaleza social (como es evidente cuando uno observa como los hombres se reúnen en toda clase de asociaciones y particularmente en un Estado), entonces la sociedad y el Estado son también criaturas de Dios. y ellos le deben servir a El y a su única verdadera religión. Luego el Estado tiene que prohibir las falsas religiones por lo menos en el dominio público (lo cual pertenece a su esfera), siempre y cuando eso ayudará y no dificultará la salvación de las almas. Por otro lado, si la libertad humana es tan valiosa que cada individuo tiene que quedar libre como para corromper a sus conciudadanos mediante la práctica pública y el proselitismo de cualquier religión falsa que él elija (a menos que el orden público sea perturbado), entonces se debe dejar que las religiones falsas sean libres para prosperar en el dominio público (por ejemplo las sectas Protestantes hoy día en América Latina). Así la diferencia entre las religiones falsas y la única verdadera religión es menos importante que la dignidad humana. Así la verdadera religión no es tan importante. Así la valía de Dios comparada a la valía del hombre no tiene tanta importancia. De esta manera el Vaticano II rebaja a Dios en la medida que eleva al hombre. En definitiva el Vaticano II reemplaza la religión de Dios por la religión del hombre. Con razó n Monseñor Lefebvre fundó la Fraternidad San Pío X para ensalzar la dignidad y valía trascendental de Dios, de Nuestro Señor Jesucristo, en un mundo y en una Iglesia que se han vuelto locos, embriagados de la dignidad del hombre. Pero he aquí que se nos viene un líder religioso que en público pronunció a principios de este mes: “Numerosos son los que tienen una comprensión del Concilio que es una comprensión errónea”. El dijo que la libertad religiosa “es una expresión usada de muchas maneras. Pero mirando mas de cerca tengo realmente la impresión de que no son muchos los que saben lo que realmente dijo el Concilio sobre este tema. El Concilio presenta una libertad religiosa que es una libertad muy, muy limitada: muy limitada…” Preguntado él si el Vaticano II en sí mismo, es decir en su conjunto, pertenece a la Tradición Católica, él contestó “Tendría yo esa esperanza”. Vean por ustedes mismos la entrevista pronunciada en inglés y accesible en YouTube bajo el título de “Traditionalist leader talks about his movement, Rome”. ¿Puede alguien sorprenderse si “su movimiento” está atravesando actualmente la crisis más grave de sus 42 años de existencia?

viernes, 3 de agosto de 2012

Declaración del Capítulo General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (19 de julio de 2012)

Al término del Capítulo General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, reunidos en torno a la tumba de su venerado fundador, Mons. Marcel Lefebvre, y unidos a su Superior General, nosotros los participantes, obispos, superiores y miembros más antiguos de la Fraternidad, queremos hacer llegar al cielo nuestras más vivas acciones de gracias por los cuarenta y dos años de tan maravillosa protección divina sobre nuestra obra, en medio de una Iglesia en total crisis y de un mundo que se aleja cada día más de Dios y de su ley. Expresamos nuestra profunda gratitud a todos los miembros de la Fraternidad, sacerdotes, hermanos, hermanas, terciarios, a las comunidades religiosas amigas, así como a los queridos fieles por su dedicación diaria y por sus fervientes oraciones con motivo de este Capítulo, que conoció intercambios francos y un trabajo fructífero. Todos los sacrificios, todas las penas aceptadas generosamente contribuyeron sin duda a superar las dificultades que la Fraternidad ha enfrentado últimamente. Hemos vuelto a encontrar nuestra unión profunda en su misión esencial: mantener y defender la fe católica, formar buenos sacerdotes y trabajar en la restauración de la Cristiandad. Hemos definido y aprobado las condiciones necesarias para una eventual normalización canónica. Se estableció que en este caso, un Capítulo extraordinario deliberativo sería convocado de antemano. Pero nunca hay que olvidar que la santificación de las almas siempre comienza por nosotros mismos. Es la obra de una fe animada y operante por medio de la caridad, según las palabras de San Pablo: “Porque no tenemos ningún poder contra la verdad, la tenemos solamente por la verdad” (2 Cor. 13:8) y además: “Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo a ella… para que sea santa e inmaculada.”(Ef. 5:25 s) El Capítulo considera que el primer deber de la Fraternidad en el servicio que tiene la intención de prestar a la Iglesia es continuar profesando, con la ayuda de Dios, la fe católica en toda su pureza e integridad, con una determinación proporcionada a los ataques que esta misma fe no deja de sufrir hoy. Por lo tanto, nos parece oportuno reafirmar nuestra fe en la Iglesia Católica Romana, única Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo, fuera de la cual no hay salvación, ni posibilidad de encontrar los medios que conducen a ésta; en su constitución monárquica, querida por Nuestro Señor, que hace que el poder supremo de gobierno sobre toda la Iglesia recaiga sólo sobre el Papa, Vicario de Cristo en la tierra; en la realeza universal de Nuestro Señor Jesucristo, creador del orden natural y sobrenatural, al cual todo hombre y toda sociedad debe someterse. Sobre todas las innovaciones del Concilio Vaticano II que permanecen manchadas de errores y sobre las reformas que de él han salido, la Fraternidad sólo puede continuar adhiriendo a las afirmaciones y enseñanzas del Magisterio constante de la Iglesia; ella encuentra su guía en este Magisterio ininterrumpido que, por su acto de enseñanza, transmite el depósito revelado en perfecta armonía con todo lo que la Iglesia toda ha creído siempre y en todo lugar. Asimismo, la Fraternidad encuentra su guía en la Tradición constante de la Iglesia que transmite y transmitirá hasta el final de los tiempos el conjunto de las enseñanzas necesarias para mantener la fe y para la salvación, esperando que un debate franco y serio sea posible, teniendo como finalidad el retorno de las autoridades eclesiásticas a la Tradición. Nos unimos a los otros católicos perseguidos en los distintos países del mundo que sufren por la fe católica, y muy a menudo hasta el martirio. Su sangre derramada en unión con la Víctima de nuestros altares es la garantía de la renovación de la Iglesia in capite et membris [En la cabeza y en sus miembros], de acuerdo con el viejo adagio “sanguis martyrum semen christianorum” [La sangre de los mártires es semilla de cristianos]. “Finalmente nos dirigimos a la Virgen María, tan celosa de los privilegios de su Divino Hijo, celosa de su gloria, de su Reino en la tierra como en el Cielo. ¡Cuántas veces ella ha intervenido en la defensa, incluso armada, de la Cristiandad contra los enemigos del reino de nuestro Señor! Le suplicamos que intervenga hoy para expulsar a los enemigos internos que tratan de destruir la Iglesia más radicalmente que los enemigos externos. Que ella se digne mantener en la integridad de la fe, en el amor de la Iglesia, en la devoción al Sucesor de Pedro, a todos los miembros de la Fraternidad San Pío X y a todos los sacerdotes y fieles que trabajan con los mismos sentimientos, para que ella nos proteja y nos preserve tanto del cisma como de la herejía. Que San Miguel Arcángel nos comunique su celo por la gloria de Dios y su fuerza para combatir al demonio. Que San Pío X nos haga partícipes de su sabiduría, de su ciencia y de su santidad para discernir la verdad del error y el bien del mal, en estos tiempos de confusión y de mentiras.” (Mons. Marcel Lefebvre, Albano, 19 de octubre de 1983). Ecône, 14 de julio 2012

sábado, 9 de junio de 2012

ENTREVISTA AL SUPERIOR DE LA FSSPX

Versión oficial de DICI MONS. BERNARD FELLAY DICI: ¿Está usted preocupado por el retraso en la respuesta de Roma, que podría permitir a aquellos que están en contra de un reconocimiento canónico, alejar a los sacerdotes y fieles de la Fraternidad San Pío X? Monseñor: Todo está en las manos de Dios. Confío en Dios y en su Divina Providencia, que sabe cómo manejar todo, incluso los retrasos, por el bien de los que le aman. DICI: ¿La decisión del Papa fue postergada como algunas revistas lo han dicho? ¿La Santa Sede le hizo saber algo sobre un retraso a esperar? Monseñor: No, yo no tenía conocimiento de ningún calendario. Incluso hay algunos que dicen que el Papa abordará esta cuestión en Castelgandolfo, en julio. ¿Una solución canónica antes de una solución doctrinal? DICI: La mayoría de los que se oponen a la aceptación por parte de la Fraternidad de un eventual reconocimiento canónico, hacen resaltar que los debates doctrinales solo habrían podido conducir a esta aceptación [canónica] si hubieran desembocado en una solución doctrinal, es decir, en una “conversión” de Roma. ¿Su posición sobre este punto ha cambiado? Monseñor: Debemos reconocer que estas reuniones fueron una oportunidad para exponer los diversos problemas que enfrentamos a propósito del Concilio Vaticano II. Lo que ha cambiado es que Roma ya no hace de una plena aceptación del Concilio Vaticano II una condición para la solución canónica. Hoy en día, en Roma, algunos consideran que una comprensión diferente del Concilio no es determinante para el futuro de la Iglesia, porque la Iglesia no es solo el Concilio. De hecho, la Iglesia no se limita solo al Concilio, ella es mucho más grande. Por lo tanto, hay que dedicarse a resolver problemas mayores. Esta toma de conciencia puede ayudarnos a entender lo que realmente está sucediendo: estamos llamados a ayudar a llevar a los demás el tesoro de la Tradición que hemos podido conservar. Así pues, es la actitud de la Iglesia oficial la que ha cambiado, nosotros no. No somos nosotros los que hemos pedido un acuerdo, es el Papa el que quiere reconocernos. Podemos pues preguntarnos el porqué de este cambio. ¡Todavía no estamos de acuerdo doctrinalmente, y sin embargo el Papa quiere reconocernos! ¿Por qué? La respuesta es ésta: hay problemas tremendamente importantes en la Iglesia de hoy. Debemos hacer frente a estos problemas. Debemos dejar de lado los problemas secundarios y hacer frente a problemas mayores. Esta es la respuesta de tal o cual prelado romano, pero no lo dirán jamás abiertamente; hay que leer entre líneas para entender. Las autoridades oficiales no quieren reconocer los errores del Concilio. Ellas no lo dirán nunca de manera explícita. Sin embargo, si leemos entre líneas, se puede ver que quieren remediar a algunos de estos errores. He aquí un ejemplo interesante sobre el sacerdocio. Ustedes saben que desde el Concilio ha habido una nueva concepción del sacerdocio que ha demolido la imagen del sacerdote. Hoy vemos claramente que las autoridades romanas tratan de restaurar la verdadera concepción del sacerdote. Ya lo habíamos observado claramente durante el Año Sacerdotal, que tuvo lugar en 2010-2011. Ahora la fiesta del Sagrado Corazón es el día dedicado a la santificación de los sacerdotes. En esta ocasión, una carta fue publicada y un examen de conciencia fue compuesto para los sacerdotes. Uno podría pensar que fueron a buscar este examen de conciencia a Ecône, puesto que está claramente en consonancia con la espiritualidad pre-conciliar. Esta revisión ofrece la imagen tradicional del sacerdote, e incluso su papel en la Iglesia. Es este el papel que Monseñor Lefebvre afirma cuando describe la misión de la Fraternidad: restaurar la Iglesia a través de la restauración del sacerdote. La carta dice: “La Iglesia y el mundo no pueden ser santificados sino por la santidad del sacerdote.” Realmente se pone al sacerdote en el centro. El examen de conciencia comienza con esta pregunta: “¿Es la principal preocupación del sacerdote la santificación?” Segunda pregunta: “¿El Santo Sacrificio de la Misa – que es la palabra que usan, no la Eucaristía, o la Synaxis o no sé qué otra cosa – es el centro de la vida del sacerdote?” Entonces se recuerdan las finalidades de la Misa: la alabanza a Dios, la oración, la reparación por los pecados … lo dicen todo. El sacerdote debe inmolarse – la palabra “inmolarse” no se usa, sino “darse”, sacrificarse para salvar a las almas. Todo está dicho. Luego viene la evocación de las postrimerías: “¿Piensa el sacerdote a menudo en sus postrimerías? ¿Piensa en pedir la gracia de la perseverancia final? ¿Se lo recuerda a sus fieles? ¿Visita a los moribundos para darles la extremaunción?” Usted ve cómo, de manera hábil, este documento romano recuerda claramente la idea tradicional del sacerdote. Por supuesto, esto no elimina todos los problemas, y todavía hay graves dificultades en la Iglesia: el ecumenismo, Asís, la libertad religiosa… pero el contexto está cambiando; y no sólo el contexto sino la situación misma… Yo distinguiría entre las relaciones exteriores y la situación interna. Las relaciones con el mundo exterior no han cambiado todavía, pero lo que sucede en la Iglesia, las autoridades romanas están tratando de cambiarlo poco a poco. Obviamente, todavía sigue existiendo un desastre mayor, debemos ser conscientes, y no decimos lo contrario, pero también hay que ver lo que se está haciendo. Este examen de conciencia para los sacerdotes es un ejemplo significativo. ¿Qué actitud frente a las cuestiones doctrinales? DICI: Usted reconoce que dificultades serias persisten con el ecumenismo, la libertad religiosa… Si se diera un reconocimiento canónico ¿cuál sería su actitud frente a estos problemas? ¿No se sentiría obligado a mantener una cierta reserva? Monseñor: Permítame responder a su pregunta con tres preguntas: ¿Las novedades que se introdujeron durante el Concilio fueron el comienzo de un mayor desarrollo de la Iglesia, de vocaciones y de la práctica religiosa? ¿No constatamos más bien por el contrario una forma de “apostasía silenciosa” en todos los países cristianos? ¿Podemos callarnos frente a estos problemas? Si queremos hacer fructificar el tesoro de la Tradición para el bien de las almas, debemos hablar y actuar. Necesitamos esta doble libertad de expresión y de acción. Pero yo desconfiaría de una denuncia puramente verbal de los errores doctrinales; denuncia más bien polémica dado que es sólo verbal. Con el realismo que le caracterizaba, Monseñor Lefebvre reconocía que las autoridades romanas y diocesanas serían más sensibles a las cifras y a los hechos presentados por la Fraternidad San Pío X, que a los argumentos teológicos. Es por eso que yo no dudo en afirmar que si un reconocimiento canónico sucediese, las dificultades doctrinales serían siempre resaltadas por nosotros, pero con la ayuda de una lección dada por los hechos mismos, signos tangibles de la vitalidad de la Tradición. Y por eso, como yo ya lo decía en el 2006, acerca de las etapas de nuestro diálogo con Roma, debemos tener “fe en la Misa tradicional, esta Misa que exige la integridad de la doctrina y de los sacramentos, promesa de toda fecundidad espiritual de las almas.” DICI: 2012 no es 1988, año de su consagración episcopal. En 2009 se retiraron las excomuniones, en 2007 se reconoció oficialmente que la Misa Tridentina “nunca había sido abrogada,” pero ahora algunos miembros de la Fraternidad deploran que la Iglesia aún no se haya convertido. ¿El rechazo a priori de ellos de un reconocimiento canónico se debe a 40 años de una situación excepcional que resulta de una mala interpretación de la sumisión a la autoridad? Monseñor: Lo que está pasando en estos días muestra claramente algunos de nuestros puntos débiles frente a los peligros que se han creado por la situación en la que estamos. Uno de los principales peligros es inventar una noción de la Iglesia que parece ideal, pero que no se sitúa de hecho en la verdadera historia de la Iglesia. Algunos argumentan que para trabajar “con seguridad” en la Iglesia, en primer lugar, ésta debe limpiarse de todo error. Esto es lo que se dice cuando se afirma que Roma debe convertirse antes de cualquier acuerdo, o que los errores deben ser primero removidos para que podamos trabajar. Pero esta no es la realidad. Basta con mirar el pasado de la Iglesia; a menudo y casi siempre, vemos que hay errores difundidos en la Iglesia. Ahora bien, los santos reformadores no la abandonaron para luchar contra estos errores. Nuestro Señor nos enseñó que habrá siempre cizaña hasta el final de los tiempos. No sólo la hierba buena, no sólo el trigo. En tiempos de los arrianos, los obispos trabajaron en medio de los errores para convencer de la verdad a los que estaban equivocados. No dijeron que querían estar fuera, como algunos dicen ahora. Por supuesto, siempre hay que tener cuidado con las expresiones “fuera,” “dentro,” porque somos de la Iglesia, somos católicos. Pero, ¿por este motivo podemos negarnos a convencer a aquellos que están en la Iglesia, bajo el pretexto de que están llenos de errores? ¡Veamos lo que han hecho los santos! Si Dios nos permite estar en una situación nueva, en un combate cuerpo a cuerpo al servicio de la verdad… Esta es la realidad que nos presenta la historia de la Iglesia. El Evangelio compara al cristiano con la levadura, ¿y queremos que la masa crezca, sin que estemos dentro de la masa? En esta situación, presentada por algunos como una situación imposible, se nos pide ir a trabajar al igual que todos los santos reformadores de todos los tiempos. Por supuesto, esto no elimina el peligro. Pero si tenemos la libertad suficiente de actuar, de vivir y crecer, hay que hacerlo. Realmente creo que esto debe hacerse, siempre y cuando tengamos la suficiente protección. DICI: ¿Cree usted que hay miembros de la Fraternidad que, conscientemente o no, abrazan teorías sedevacantistas? ¿Tiene miedo de su influencia? Monseñor: Ciertamente algunos pueden estar influidos por esas ideas, esto no es nuevo. Yo no creo que sean tan numerosos, pero pueden hacer daño, sobre todo mediante la difusión de rumores falsos. Pero realmente creo que la principal preocupación entre nosotros es más bien la cuestión de confianza en las autoridades romanas, temiendo que lo que pueda acontecer sea una trampa. Personalmente, estoy convencido de que no es el caso. Entre nosotros hay desconfianza de Roma, porque hemos sufrido demasiadas decepciones, por eso creemos que puede tratarse de una trampa. Es cierto que nuestros enemigos pueden pensar en utilizar este ofrecimiento como una trampa, pero el Papa que realmente quiere este reconocimiento canónico, no lo ofrece como una trampa. Ver lo que la propuesta romana permitirá de derecho y de hecho. DICI: Varias veces Ud. ha repetido que el Papa quiere personalmente el reconocimiento canónico de la Fraternidad. ¿Tiene la confirmación personal y reciente del mismo Papa de que es realmente su voluntad? Monseñor: Sí, es el Papa quien lo quiere, y yo lo he dicho varias veces. Tengo detalles suficientes en mi poder para afirmar que lo que digo es cierto, aunque no he tenido trato directo con el Papa, sino con sus más cercanos colaboradores. DICI: La carta del 14 de abril, firmada por los otros tres obispos de la Fraternidad, por desgracia ha sido publicada en Internet, ¿el análisis que ella presenta corresponde a la situación de la Iglesia? Monseñor: Sobre sus posiciones, no excluyo la posibilidad de una evolución. La primera pregunta para nosotros, que hemos sido consagrados por Mons. Lefebvre, fue la de la supervivencia de la Tradición. Creo que si mis colegas ven y comprenden que en derecho y en los hechos hay en la propuesta romana una verdadera oportunidad para la Fraternidad de “restaurar todas las cosas en Cristo,” a pesar de todos los problemas que permanecen en la Iglesia hoy, entonces podrán reajustar su juicio – es decir, con el estatuto canónico en mano y los hechos ante sus ojos. Sí, yo creo, lo espero. Y debemos orar por esta intención. DICI: Algunos en todo el mundo, incluyendo miembros de la Fraternidad, han utilizado pasajes de una entrevista que Ud. dio a Catholic News Service; estos pasajes sugieren que a sus ojos Dignitatis humanae ya no presenta dificultades. ¿Es la manera como esta entrevista se hizo lo que alteró el significado de lo que Ud. quiso expresar? ¿Cuál es su posición sobre esta cuestión en comparación con lo que Mons. Lefebvre enseñaba? Monseñor: Mi posición es la de la Fraternidad y la de Mons. Lefebvre. Como de costumbre, en un asunto muy delicado; hay que hacer distinciones, y algunas de estas distinciones desaparecieron en la entrevista de televisión que se redujo a menos de 6 minutos. Pero el relato escrito que CNS hizo de mis comentarios, restablece lo que dije y que no se ha conservado en la versión difundida: “A pesar de que Mons. Fellay se niega a asumir la interpretación (de la libertad religiosa) por Benedicto XVI como si estuviera en continuidad con la Tradición de la Iglesia, – una posición que muchos en la Iglesia han discutido muy fuertemente -, Mons. Fellay habló de la idea en términos sorprendentemente simpáticos.” En realidad, yo solamente recordé que ya existe una solución tradicional al problema de la libertad religiosa y que se llama la tolerancia. Sobre el Concilio, cuando se me hizo la pregunta: “¿Pertenece el Vaticano II a la Tradición?” Le dije: “Quisiera esperar que así fuera” (lo que una traducción al francés defectuosa se ha convertido en: “Espero que sí”). Esto está en la línea de las distinciones hechas por Mons. Lefebvre de leer el Concilio a la luz de la Tradición: lo que está de acuerdo con la Tradición, lo aceptamos; lo que es dudoso, lo entendemos como la Tradición siempre lo ha enseñado; lo que es lo contrario, lo rechazamos. Las relaciones de la Fraternidad San Pío X con los obispos diocesanos. DICI: Una prelatura personal es la estructura canónica que Usted ha indicado en declaraciones recientes. Ahora bien, en el Código, el canon N º 297 requiere no sólo informar sino también obtener el permiso de los obispos diocesanos para fundar una obra en su territorio. Si bien es claro que cualquier reconocimiento canónico preservará nuestro apostolado en su estado actual, ¿está Ud. dispuesto a aceptar que las obras futuras no sean posibles sino con el permiso del obispo en las diócesis donde la Fraternidad San Pío X no está actualmente presente? Monseñor: Hay mucha confusión sobre este tema, y ??es causada principalmente por una mala interpretación de la naturaleza de la prelatura personal, así como por un desconocimiento de la relación normal entre el Ordinario del lugar y la Prelatura. A esto se añade el hecho de que la única referencia disponible en la actualidad sobre una prelatura personal es el Opus Dei. Sin embargo, seamos claros, si una prelatura personal nos fuese dada, nuestra situación no sería la misma. Para entender mejor lo que sucedería, creo que nuestra situación sería mucho más similar a la de un Ordinariato Militar, porque tendríamos una jurisdicción ordinaria sobre los fieles. Seríamos como una especie de diócesis cuya jurisdicción se extiende a todos sus fieles, independientemente de su situación territorial. Todas las capillas, iglesias, prioratos, escuelas y obras de la Fraternidad y de las Congregaciones religiosas amigas serían reconocidos con una verdadera autonomía para ejercer su ministerio. Sigue siendo cierto – como lo es el derecho de la Iglesia – que para abrir una nueva capilla o fundar una nueva obra, sería necesario contar con el permiso del Ordinario del lugar. Por supuesto, hemos mostrado a Roma como nuestra situación actual es difícil en las diócesis, y Roma sigue trabajando en ello. Aquí o allá, esta dificultad será real, pero ¿desde cuándo la vida es sin dificultades? Lo más probable es que también tengamos el problema opuesto, es decir, que no vamos a ser capaces de responder a las peticiones que vendrán de obispos amigos. Pienso en un algún obispo que podría pedirnos que nos encarguemos de la formación de los futuros sacerdotes de su diócesis. De ninguna manera nuestras relaciones serían las de una congregación religiosa con un obispo, sino más bien las de un obispo con otro obispo, así como ocurre con los Ucranianos o los Armenios de la diáspora. Y si entonces un problema no se ha podido resolver, éste iría a Roma, y ??habría entonces una intervención romana para resolver el problema. Sea dicho de paso, lo que se ha informado a través de Internet con respecto a mis comentarios sobre este tema, en Austria, el mes pasado, es completamente falso. DICI: Si hay reconocimiento canónico, ¿qué va a pasar con las capillas amigas de la Fraternidad e independientes de la diócesis? ¿Los obispos de la Fraternidad continuarán a administrar la confirmación, a proporcionar los Santos Oleos? Monseñor: Si trabajan con nosotros, no habrá problema: será igual que ahora. Si no, todo dependerá de lo que estas capillas entienden por independencia. DICI: ¿Va a haber una diferencia en sus relaciones con las comunidades Ecclesia Dei? Monseñor: La primera diferencia es que ellos se verán obligados a dejar de tratarnos de cismáticos. Sobre un desarrollo futuro, es claro que algunos se acercarán a nosotros, puesto que ya nos aprueban discretamente; otros no. El tiempo nos dirá cómo se desarrollará la Tradición en esta nueva situación. Tenemos grandes expectativas para el apostolado tradicional, así como algunas personas importantes en Roma y el mismo Papa. Tenemos grandes esperanzas de que la Tradición se desarrolle con nuestra llegada. DICI: Siempre si hay reconocimiento canónico ¿le dará la oportunidad a los cardenales de la Curia, o a los obispos, de visitar nuestras capillas, celebrar la Misa, administrar las confirmaciones, tal vez incluso de conferir las ordenaciones en los seminarios? Monseñor: Los obispos favorables a la Tradición, los cardenales conservadores van a acercarse. Hay todo un desarrollo a prever, sin conocer los detalles específicos. Y sin duda también habrá dificultades, que es bastante normal. No hay duda de que van a venir a visitarnos, pero para trabajar de forma más precisa, como la celebración de la Misa o la ordenación, esto dependerá de las circunstancias. Así como queremos que la Tradición crezca, esperamos que la Tradición se desarrolle entre los obispos y cardenales. Un día todo será armoniosamente tradicional, pero ¿cuánto tiempo se necesitará? Sólo Dios lo sabe. DICI: En espera de la decisión de Roma, ¿cuáles son sus disposiciones internas? ¿Cuáles le gustaría que fueran para los sacerdotes y fieles apegados a la Tradición? Monseñor: Cuando en 1988, Mons. Lefebvre anunció que iba a consagrar a cuatro obispos, algunos lo animaron a hacerlo y otros trataron de disuadirlo. Sin embargo, nuestro fundador mantuvo la paz, porque él no tenía en vista sino la voluntad de Dios y el bien de la Iglesia. Hoy en día, debemos tener las mismas disposiciones interiores. Como su santo Patrono, la Fraternidad San Pío X tiene la voluntad de “restaurar todas las cosas en Cristo,” algunos dicen que no es el tiempo, otros por el contrario, que es el momento adecuado. Por mi parte yo solo sé una cosa: siempre es el momento para hacer la voluntad de Dios y sabemos que El nos la hace conocer en el momento oportuno, siempre y cuando nos mostremos receptivos a sus inspiraciones. Por esto, he pedido a los sacerdotes renovar la consagración de la Fraternidad San Pío X al Sagrado Corazón de Jesús, en su fiesta, el 15 de junio próximo, y prepararse a ello con una novena, durante la cual se recitarán las Letanías del Sagrado Corazón en todas nuestras casas. Todos pueden unirse pidiendo la gracia de convertirse en instrumentos dóciles de la restauración de todas las cosas en Cristo. (DICI N º 256, de DICI 08/06/12) Fuente: Dici

viernes, 25 de mayo de 2012

TENEBROSAS "LUCES"

"me reservo la opinión del siguiente texto, que expongo a modo informativo de la opinión de un Obispo, si bien no es la opinión oficial de la FSSPX, y me acojo con humildad y fidelidad, a lo que finalmente decida dicha Hermandad" La administración
Tenebrosas "luces" Commentario Eleison CCL Sea que la Fraternidad San Pío X decida o no finalmente pasar por alto el desacuerdo doctrinal para entrar en un acuerdo puramente práctico con las autoridades de la Iglesia Conciliar en Roma, las almas preocupadas por su salvación eterna deben entender tan completamente como sea posible lo que está en juego. En esta coyuntura uno de mis amigos me acaba de mandar una admirable síntesis de lo que es el corazón del asunto: “De 2009 a 2011 las llamadas “Discusiones Doctrinales” tuvieron lugar entre los expertos del Vaticano y cuatro teólogos de la Fraternidad San Pío X. Estas discusiones dejaron en claro hasta que punto las autoridades romanas están firmemente adheridas a las enseñanzas del Vaticano II. Este Concilio se esforzó en reconciliar la doctrina Católica con el concepto del hombre tal como fue elaborado por los filósofos de “Las Luces” del siglo XVIII. “Es así como el Concilio declara que en razón de la dignidad de su naturaleza, la persona humana tiene el derecho de practicar la religión de su elección. En consecuencia la sociedad debe proteger la libertad religiosa y organizar la coexistencia pacífica de las diferentes religiones. Estas están invitadas a participar en un diálogo ecuménico, ya que todas poseen su propia parte de verdad. “En efecto tales principios niegan que Cristo es verdaderamente Dios y niegan que su Revelación, cuyo depósito está guardado por la Iglesia, debe ser aceptado por todos los hombres y todas las sociedades. De tal manera que la doctrina de la libertad religiosa, tal como está exprimida en el documento Conciliar “Dignitatis Humanae”( # 2), contradice las enseñanzas de Gregorio XVI en “Mirari Vos”, de Pío IX en “Quanta Cura”, de León XIII en “Immortale Dei” y de Pío XI en “Quas Primas”. La doctrina enseñada en la Constitución Dogmática “Lumen Gentium” (# 8), según la cual la Providencia divina utiliza sectas no Católicas como medios de salvación, contradice las enseñanzas de Pío IX en el “Syllabus”, de León XIII en “Satis Cognitum” y de Pío XI en “Mortalium Animos”. “Estas doctrinas novedosas que junto con muchas otras contradicen las enseñanzas formales y unánimes de los Papas antes del Concilio, pueden solamente ser calificadas, a la luz del dogma Católico, como heréticas. “Ya que la unidad de la Iglesia descansa sobre la integridad de la Fe, es claro que la Fraternidad San Pío X no puede llegar a ningún tipo de acuerdo - aunque sea solamente “práctico”- con los que sostienen tales doctrinas”. Cuando mi amigo acusa al movimiento del siglo XVIII de emancipación intelectual conocido como el de “Las Luces” de encontrarse en la raíz del colapso de los hombres de iglesia del siglo XX, apunta esencialmente a lo mismo que Monseñor Lefebvre decía a algunos de sus sacerdotes, medio año antes de morir en 1991: “Más uno analiza los documentos del Vaticano II, más uno se da cuenta que se trata…de una perversión total del espíritu, de una filosofía totalmente nueva fundada sobre la filosofía moderna, sobre el subjetivismo. Es una perversión total de la Revelación, de la Fe, de la filosofía. Es verdaderamente aterrador” Entonces, ¿Cómo puede uno someter su mente de nuevo a la realidad de Dios? Uno podría volver a posesionarse de las Encíclicas papales mencionadas por mi amigo más arriba, y estudiarlas. Fueron escritas para los obispos, pero los obispos conciliares no son de fiar. Los laicos de hoy deben tomar en mano su propia formación – y su propio Rosario. Kyrie eleison

jueves, 26 de abril de 2012

El estado de las relaciones FSSPX-Roma, según la FSSPX

El estado de las relaciones FSSPX-Roma, según la FSSPX Publicamos la parte relacionada directamente con el tema de las relaciones Roma-FSSPX del sermón de Mons. Bernard Fellay, Superior general de la Fraternidad San Pío X, pronunciado la fiesta de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre de 2011, en Ecône. Puede verse completo en DICI. Estas son las más recientes palabras de esta Fraternidad sobre las conversaciones en curso con la S. Sede Apostólica. El combate espiritual de la Fraternidad San Pío X Al saludar a la Santísima Virgen y sus virtudes, aunque no pensamos inmediatamente en ello, la Iglesia nos recuerda que no se trata únicamente de una hermosísima perfección, sino al mismo tiempo de una victoria. Y quien dice victoria, dice igualmente combate y lucha. Si la Fraternidad quiere tender a esta santidad, ha de luchar. Sus miembros han de luchar. Contra sí mismos, desde luego, pero también contra el mundo. Se trata un poco de todo nuestro programa. Ahí descubrimos algo muy misterioso: la época en que vivimos. Por un gran misterio, Dios ha permitido que el espíritu del mundo intente introducirse en la Iglesia. No hay que luchar únicamente contra los enemigos exteriores, sino también contra un espíritu no católico que ha entrado en la Iglesia. Manifiestamente, se ve con claridad que con todos los cambios recientes, la introducción de este espíritu se efectuó en el momento del concilio Vaticano II. Es una tragedia atroz. Este mal es un gran misterio. Pablo VI habló del «humo de Satanás». Es como si el demonio hubiera puesto un pie en el santuario. Es una realidad que nos deja helados, radicalmente lo contrario de lo que es la Iglesia. En el Credo, cantamos que ella es santa y nosotros creemos que lo es. Y resulta que algunos prelados, obispos, cardenales e incluso Papas invitan a hacer lo que la Iglesia siempre ha prohibido, con graves prohibiciones y con amenazas que llegaban hasta la excomunión. Éste es el motivo por el cual Mons. Lefebvre dijo «no puedo». Y si ustedes mismos están aquí es por el mismo motivo: no, no podemos, porque tales cosas ofenden a Dios. Es un gran misterio, porque al mismo tiempo que vemos estas cosas y que se debe decir «no», hay que seguir diciendo también que la Iglesia tiene las promesas de Dios: «Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Lc 16, 18). Por una parte hay que mantener que es la Iglesia de Cristo, la Iglesia fundada por Dios, y por otra vemos muchos elementos que no son de la Iglesia, que son lo contrario de ella y que están en su interior. Demos una imagen concreta que nos ayude a comprender esto: es como una enfermedad que se ha introducido en un cuerpo; tal enfermedad es como un cuerpo extraño, pero ese cuerpo extraño está en el interior. ¿Cómo reaccionan las células que se encuentran en presencia de esos cuerpos extraños? Es evidente: ¡intentan defenderse! Y resulta que ahí, peor aún, los órganos de control nos dicen: «Ustedes no tienen que defenderse». Hay que tragárselo todo y aceptarlo todo. Y desde hace 40 años, pronto 50, estamos en ese estado, pues hasta ahora no vemos un gran cambio. Las propuestas recientes de Roma Ustedes se han enterado de que ha habido una propuesta de Roma, propuesta que dice: «Estamos dispuestos a reconocerlos a ustedes». El problema es que sigue habiendo una condición. Esta condición ha podido variar un poco en su formulación, pero en el fondo sigue siendo la misma. Esta condición es: hay que aceptar el Concilio. Podría resumirse la situación actual diciendo: «Sí, ustedes pueden criticar el Concilio, pero con una condición: primero hay que aceptarlo». Y nosotros decimos: «¿Que se puede criticar después?» Creo que este es un resumen honesto de la situación actual. No es difícil describirles a ustedes nuestra respuesta. Evidentemente, las fórmulas son cada vez más interesantes y cada vez más próximas a lo que decimos nosotros. Actualmente, estamos llegando a un punto que manifiesta la profundidad del problema. En esa famosa propuesta, se nos dice: «Ustedes se comprometen a reconocer que en los puntos del Concilio que plantean dificultad, el único modo de comprenderlos es entenderlos a la luz de la Tradición continua y perpetua, o sea, a la luz del Magisterio precedente». La luz de la Tradición es el único modo con el que se pueden comprender los puntos dudosos. Van incluso más lejos: «Cualquier proposición e interpretación de estos textos dudosos, que se opusieran al Magisterio perpetuo y continuo de la Iglesia, debe rechazarse…». Es lo que nosotros hemos hecho siempre. Pero hay un diminuto inciso que añade: «…como dice el Nuevo Catecismo»; ahora bien, el Nuevo Catecismo repite lo que dice el Concilio. Dicho de otro modo, sobre el principio no podemos estar sino de acuerdo. En cambio, la aplicación es completamente opuesta. Ellos pretenden que están aplicando el principio, diciendo: todo lo que se hizo en el Concilio es fiel a la Tradición y está en coherencia con ella, ya se trate del ecumenismo o de la libertad religiosa. Esto les muestra a ustedes la gravedad del problema. Hay un problema en algún lado. No puede ser de otro modo. El problema radica en la comprensión de algunas palabras, y por supuesto éstas son: «Tradición» y «Magisterio». El modo con que ellos comprenden estas palabras es subjetivo. Desde luego, la palabra «tradición» se puede comprender eventualmente en el sentido de «transmitir»: el acto de transmitir. Es una transmisión. Pero el modo habitual de comprender esta palabra versa sobre su contenido. ¿Qué es lo que se transmite? ¿Qué es lo que se transmite de generación en generación? La definición clásica de la Tradición es «lo que se ha creído siempre y en todas partes» (Conmonitorio de San Vicente de Lerins). «Lo que» designa aquí el objeto. Pero ahora es como si se pasara del objeto al sujeto, no fijándose sino en quién transmite. Por lo cual, nos hablan de «tradición viva», por que el que transmite, cuando transmite, está vivo. Ahora bien, la vida se mueve y cambia. Los Papas cambian… y, por consiguiente, la tradición cambia, pero sigue siendo la tradición. Se trata de la misma tradición, pero que cambia. La Iglesia ha considerado también este sentido, pero de un modo completamente secundario. No se refiere a esto cuando habla de la Tradición, sino a lo que se denomina el depósito de la fe, el conjunto de verdades que Dios ha confiado a la Iglesia para que lo transmita de generación en generación, para que las almas se salven. Se trata del contenido. Por esta razón, con la definición de la infalibilidad en el concilio Vaticano I, la Iglesia enseña que el Espíritu Santo fue efectivamente prometido a San Pedro y a sus sucesores, es decir, a los Papas; pero no fue prometido de tal modo que, mediante una nueva revelación, los Papas enseñasen algo nuevo. Fue prometido para que, con la ayuda del Espíritu Santo, San Pedro y los Papas conserven santamente y transmitan fielmente algo que no cambia, esto es, el depósito revelado. ¿Dónde está el verdadero problema de la Iglesia? Ahí estamos. Esto es lo que intentamos hacer; ya que efectivamente hay un gesto de Roma hacia nosotros, hay que reconocerlo, un gesto sorprendente después de las discusiones doctrinales en las que se comprobó que no estábamos de acuerdo. En efecto, se trata de una situación parecida a la de dos personas que se encuentran, discuten y llegan a la conclusión de que no están de acuerdo. ¿Entonces, qué estamos haciendo? Roma nos dice: ¡ustedes tienen que aceptar! Y nosotros respondemos: no podemos. Por lo cual, lo que decidimos hacer, además de responderles que no podemos, es decirles: ¿no podrían ustedes mirar las cosas de un modo un poco distinto? ¿no podrían ustedes intentar comprender que no es la Fraternidad la que constituye un problema? Hay efectivamente un problema en la Iglesia, pero no es la Fraternidad; nosotros no somos un problema sino porque les estamos diciendo a ustedes que hay un problema. Así que les pedimos que se ocupen del verdadero problema. Estamos dispuestos, y no deseamos sino una cosa: atacar precisamente el verdadero problema. Ustedes se dan cuenta de que humanamente no hay mucha esperanza de que acepten cambiar su postura. ¿Tal vez los sinsabores de la Iglesia? El hecho de que actualmente se está manifestando de un modo mucho más claro el desastre y la infertilidad: ya no hay vocaciones. Es algo espantoso. Estaba viendo hace unos momentos el número de Hermanas de la Caridad, aquellas hermanas que estaban por todas partes en Francia: creo que ya no quedan en toda Francia sino 3 de entre 30 y 40 años; e igualmente 3 de entre 40 y 50 años; la mayor parte, es decir unas 200, se sitúan entre 70 y 80 años, o entre 80 y 90 años. Algunas ya tienen más de 100 años, y resulta que numéricamente son más que las que tienen 20, 30, 40 ó 50 años. Y si consideramos el conjunto de 20 a 50 años, tan sólo hay una más que las que tienen 100 o más años: 9 contra 8. ¡Las hermanas que en todas partes en el campo se ocupaban de todas las obras caritativas! Se acabó. Y este es un ejemplo entre miles. Veamos los sacerdotes, desde el punto de vista que se quiera: es una Iglesia que está muriendo y desapareciendo. Es algo que debería hacer reflexionar. Pensamos y esperamos que algunos empiezan a reflexionar, pero tenemos la impresión de que no basta. Por supuesto, hace falta una gracia. Hay que rezar. ¡Recen! Recen para que Dios libere realmente a la Iglesia y para que la Santísima Virgen haga algo. Ella es la que prometió que al fin triunfaría su Corazón Inmaculado, para sacar a la Iglesia de este desastre. Para nosotros, que estamos implicados en esta gran batalla por la Iglesia, hoy resulta un honor extraordinario poder ser miembros de esta Fraternidad. Por ello, le pedimos a la Santísima Virgen ser dignos miembros de esta Fraternidad. Vivamos según sus estatutos, fielmente. Observen ustedes el reglamento del seminario, como se les pide, de todo corazón, poniendo en ello la gran caridad que nos piden los Estatutos de la Fraternidad. Se la hemos de pedir a la Santísima Virgen, para que realmente, cada día, agrademos a Dios y nos santifiquemos, y mediante ello, podamos ganar almas para Dios, las almas que se nos confían, para la mayor gloria de Dios, y el honor de la Santísima Virgen y de la Iglesia. Así sea. (Fuente: FSSPX/Ecône – Transcripción y títulos de DICI)

lunes, 16 de abril de 2012

“Roma y Ecône, a punto de sellar el acuerdo” ?¿?¿


Urgente: Le Figaro – “Roma y Ecône, a punto de sellar el acuerdo” (actualizado II)
Del diario francés Le Figaro en un artículo firmado por su corresponsal principal en religión, Jean-Marie Guénois. Al momento de esta publicación, Rorate Caeli y Saint Louis Catholic se están haciendo eco de lo publicado por el diario francés. En cuanto al periodista Guénois, en este tema específico tuvo publicaciones acertadas en el pasado, por ej. véase aquí, aquí y aquí.


Roma y Ecône a punto de sellar el acuerdo (texto completo)

por Jean-Marie Guénois

La firma de un documento que establece las relaciones entre la Santa Sede y los discípulos del arzobispo Lefebvre es una cuestión de días.

Oficialmente, el Vaticano espera la respuesta del obispo Bernard Fellay, jefe de los lefebvrianos. Tan pronto como se reciba en Roma - "es una cuestión de días, y ya no de semanas"-, será examinado de inmediato. Si se ajusta a las expectativas, la Santa Sede, muy pronto anunciará un acuerdo histórico con este grupo de fieles, conocidos con el nombre de "integristas".

Sin embargo, extraoficialmente, y con la mayor discreción, desde ambos lados los emisarios han trabajado para "llegar a un acuerdo". En las últimas semanas, han concluido los ajustes finales entre Roma y Ecône en orden a responder mejor a la demanda de "aclaraciones" solicitada por el Vaticano el pasado 16 de marzo.

Una negociación muy delicada

Es así que la respuesta final de Mons. Fellay, muy bien meditada y bien preparada, debe establecer - esta vez, definitivamente - una negociación muy delicada, que fue relanzada por el Papa Benedicto XVI tras su elección, en 2005.

La comisión "Ecclesia Dei", que se encuentra dentro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ministerio más importante en el Vaticano, está a cargo de este expediente. Pero también es, en este punto, es seguido personalmente por Benedicto XVI. Y quiere un acuerdo.

Lo que permite considerar, por parte de personas bien informadas, que un resultado positivo realmente tendrá lugar. Incluso a costa de la permanencia e insistencia en los profundos desacuerdos respecto al Concilio Vaticano II. Desacuerdos completamente aceptados, además, por el Papa.

Él ha puesto su pontificado en la línea de reinterpretación del Concilio Vaticano II. Siguiendo dos directrices: salirse del espíritu de "ruptura" del 68 y evitar la oposición entre la más alta tradición de la Iglesia y la modernidad.

Cincuenta años de oposición

El lunes, Benedicto XVI llegará a 85 años de edad. Está cansado. Su entorno no lo oculta. Ha tenido que descansar esta semana en Castel Gandolfo, después de sus agotadores viajes a México y Cuba, luego de las largas celebraciones de Semana Santa. Su Santidad debería estar de vuelta en el Vaticano el viernes por la noche. Con una prioridad de su entera responsabilidad: la decisión sobre el caso lefebvrista. Será uno de los de mayor peso en el Pontificado.

Durante cincuenta años, los Lefebrvistas se han mantenido opuestos a la Santa Sede en relación con el Concilio Vaticano II. Y en la ruptura formal jurídica desde junio de 1988, cuando Mons. Marcel Lefebvre ordenó a cuatro obispos a pesar de interdicto del Papa.

Joseph Ratzinger se colocó en su momento por Juan Pablo II, al frente de las negociaciones con el obispo rebelde. Él nunca ha aceptado el fracaso. Tampoco, una vez convertido en el Papa, la posibilidad de un cisma permanente en la Iglesia.
Benedicto XVI impulsa a la Iglesia a reconciliarse con ella.

Uno tras otro, Benedicto XVI ha demolido, con toda su autoridad papal, los obstáculos que impedían una plena reconciliación con los discípulos de Mons. Marcel Lefebvre.

Y, si el acuerdo final se anuncia en los próximos días, la parte esencial de la obra ya fue puesta en marcha por este Papa:

- El restablecimiento en 2007 - como un "extraordinario" rito de la Iglesia Católica - de la misa celebrada en latín, es decir, según el Misal de Juan XXIII en vigor antes del Concilio.

- La eliminación, en 2009, de las excomuniones impuestas sobre los cuatro obispos ordenados por Mons. Lefebvre.

- La puesta en marcha de las discusiones doctrinales entre la Santa Sede y la Fraternidad de San Pío X, en ese mismo año, en relación con el Concilio Vaticano II.

El aparente fracaso de este último, hace un año, había dado la impresión de un completo fracaso de la negociación.

El desacuerdo doctrinal entre los lefebvristas y Roma en relación con el Concilio Vaticano II fue efectivamente abisal. Pero se había olvidado que el objeto de esas conversaciones no fue el de llegar a un acuerdo, pero el establecer una lista de divergencias con sus respectivas razones.

Se sabe fuertemente y, por tanto, sin ninguna ambigüedad, que Roma tiene la intención de sellar esta unidad encontrada de nuevo con Ecône, bastión de los lefebvrianos en Suiza.

Esto probablemente se llevará a cabo con la creación de un estatuto especial - una "prelatura personal" - ya experimentado por el Opus Dei. Esta estructura garantiza una verdadera autonomía de acción en el momento mismo que la fe católica es compartida. Sus superiores responden directamente al Papa, y no a los obispos.

Sin embargo, la verdadera "revolución" que Benedicto XVI tiene intención de dejar a la vista de la historia de la Iglesia Católica está en otra parte. No está relacionado a los aspectos periféricos de la Iglesia Católica. Estos ya han enfurecido a los grupos que se oponen a esta reconciliación. Los llamados "progresistas" de la Iglesia conciliar, que ven las "ganancias" del Concilio Vaticano II puestas en duda. Los "ultras" en las filas lefebvristas, que ven en esto una traición y un compromiso con el modernismo de Roma.

Esta revolución apunta a una visión ampliada de la Iglesia Católica. Benedicto XVI, el teólogo, nunca ha aceptado que en 1962 la bimilenaria Iglesia Católica se habría distanciado de la cultura y de la fuerza de su pasado. Más que a una reconciliación con los lefebvristas, lo que él pretende, con este gesto, es una reconciliación de la Iglesia Católica con ella misma.

viernes, 30 de marzo de 2012

XXI ANIVERSARIO FALLECIMIENTO DE MONSEÑOR LEFEVBRE




Recordamos hoy día 25 de marzo la muerte de Monseñor Lefevbre, hace 21 años, con dos citas suyas con plena vigencia. Mons. Lefebvre, requiescat in pace.

"Tratamos con personas que no tienen ninguna noción de la verdad, ni la menor idea de lo que puede ser una verdad inmutable. Es gracioso comprobar que esos mismos liberales relativistas que fueron los verdaderos autores del Vaticano II, ahora llegan a dogmatizar ese Concilio que sin embargo habían declarado pastoral, y quieren imponernos las novedades conciliares como doctrinas definitivas e intocables. Y se enfadan cuando les digo: “Ah, ¡vosotros decís que el Papa ya no escribiría hoy Quas Primas! ¡Vaya! yo os digo: tampoco se escribiría ya hoy vuestro Concilio; ya está superado. Vosotros os aferráis a él porque es vuestra obra; pero yo me atengo a la Tradición porque es obra del Espíritu Santo.” "

"Queda claro que lo que se nos pide sin cesar: entera sumisión al Papa, entera sumisión al Concilio, aceptación de toda la reforma litúrgica, va en un sentido contrario a la tradición, en la medida en que el Papa, el Concilio y las reformas nos alejan de la tradición, como los hechos lo prueban más y más a través de los años. Pedirnos eso, es pedirnos colaborar con la desaparición de la fe. ¡Imposible! Los mártires han muerto por defender la fe ¡Tenemos los ejemplos de cristianos prisioneros, torturados, enviados a campos de concentración por su fe! Un grano de incienso ofrecido a la divinidad, y ya está, habrían salvado sus vidas. Me han aconsejado a veces: “¡Firmad, firmad que aceptáis todo y luego conti-nuad como antes!” ¡No! ¡No se juega con la fe!"

Mons. Marcel Lefebvre, Le Destronaron. Del liberalismo a la apostasía. La tragedia conciliar, (Obras completas. Tomo 1) Voz en el Desierto, México D.F., 2002.

Que la Virgen los acompañe siempre

jueves, 17 de noviembre de 2011

MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE




MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE
(El coraje de la fidelidad)

Monseñor Marcel Lefebvre fue hijo de un industrial textil de Tourcoing, al norte de Francia. Este jefe de empresa, se levantaba muy temprano cada mañana para oír Misa de las seis y cuarto, comulgar y rezar un rosario antes de ir a su fábrica. Al terminar las labores, era siempre el último en abandonar las oficinas y talleres, animando en casa a llevar a cabo la oración familiar de la noche, proferida de rodillas ante un crucifijo, a la hora en que los más chicos habían sido mandados a la cama.
El padre de Monseñor Lefebvre era terciario de San Francisco y, sin duda a ese título, llevaba su escapulario destinado a recordarle las duras reglas de la orden franciscana, reglas que había hecho voto de seguir en parte. Quería ser, en todo caso, uno de los mejores hijos de la Virgen María, y seguramente se impuso severos sacrificios personales para “merecer el Cielo”.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial (1914-1918), él no contaba con más de treinta y cinco años, pero tenía ya seis hijos, lo que le valió ser dispensado de combatir. Hubiera podido festejarlo, pero él lo sintió como una afrenta. Desde los primeros combates, que se desarrollaron cerca de Bélgica, se alistó en una sociedad de socorro a los heridos militares. Manejando su propio automóvil, atravesó muchas veces las líneas francesas y alemanas bajo fuegos cruzados, para recoger y llevar al hospital de Tourcoing a los más graves.
Después de la guerra, la ruina golpeó su empresa. Fue muy duro para él reconocer la quiebra de su negocio y los efectos que pudiera tener en su familia. Sin embargo recordó a Job: “Dios me ha dado todo, Dios me quitó todo, alabado sea su Santo Nombre”. Pero afirmaba también: “Ayúdate, que Dios te ayudará”. Y le hizo frente. Llegó a restablecer la situación, “por obra de la Providencia Divina”, decía.
La vida del padre de Monseñor Marcel Lefebvre fue la de un patriota y un cristiano ejemplares. Durante la guerra de 1940, a los sesenta y dos años de edad, los alemanes lo “ficharon” y lo arrestaron, lo sometieron a juicio y lo encerraron en el campo de concentración de Sonnemburg. Allí murió en el año 1944. Sus compañeros de cautiverio han contado su extraordinario coraje, en medio de indecibles privaciones, en una celda repugnante, bajo los golpes de los carceleros y de los enfermeros. Años más tarde, infinidad de personas relataron, sobre todo, cómo su fe, inconmovible y fraternal, sirvió de inmensa ayuda a todos los que lo rodeaban. Se le recuerda diciendo en voz alta el “De profundis” por los camaradas que fueron falleciendo cada día. Siempre conservó un Misal y una “Imitación de Cristo”, atados a su cuerpo con un cordel. Ese “rigorismo” del padre produjo que de los ocho hijos, cinco se hicieran sacerdotes, religiosos o religiosas, que consagraron su vida a Dios. La madre de Monseñor Lefebvre tenía un carácter completamente excepcional. Era una mujer extraordinaria. Entre los años de 1914 a 1918, con seis hijos en casa y su marido ausente, condujo con decisión muchas tareas diferentes, absorbentes y en cierto modo peligrosas: dirigía la fábrica, asistía a los heridos, visitaba a los enfermos y a los pobres y resistía al ocupante alemán, lo que le valió ser puesta en prisión. Cuando salió libre, ejerció las funciones de contadora que la empresa no podía pagar. La salvación posterior de la compañía fue obra suya.
Hombre y mujer de carácter, los padres de Monseñor Lefebvre, debieron por lo menos en su juventud, haber enfrentado sus propios temperamentos. Si hubieran vivido sin ideal, sin religión y en nuestra época, quizá su unión habría sufrido pruebas dolorosas. Pero rogaron a Dios juntos y Él les dio la paciencia, la humildad y el don de apertura hacia el otro, lo que les permitió comprender cuán profundo, finalmente era, su amor mutuo y cómo podían hacerse complementarias sus convicciones personales. De esa manera constituyeron un hogar admirable y dieron a todos los esposos cristianos de su alrededor un maravilloso ejemplo. Referente a los problemas que todos los matrimonios tienen entre sí, la madre de Monseñor comentó un día: “¿Qué importa que los pasajeros se lastimen con el golpe de las ramas? ¿No es éste, más bien, el signo de que avanzan? Y ¡Qué alegría tendrán cuando, habiendo alcanzado la otra orilla, vuelvan a encontrarse juntos en la paz!”
Todos los hermanos Lefebvre gozaron de esa educación tan fecunda y auténtica que no se fundamenta en los métodos pedagógicos, sino en la transfusión del alma de la madre a los hijos y en la autoridad moral del padre. Se recuerda que la madre de Monseñor Lefebvre rogó y comulgó cada día de los nueve meses de espera para que su hijo mayor fuera sacerdote. René Lefebvre fue sacerdote misionero de los Padres del Espíritu Santo, en Gabón, durante cuarenta años. Quiso la madre reparar por los enormes y numerosos pecados del mundo orando mientras se formaba su hija Jeanne, que fue religiosa Reparatríz. Asombraba por su paciencia y dulzura; leía y meditaba la vida de Santa Mónica, mientras crecía en ella su hijo Marcel. Después del bautismo anunció: “Tendrá un papel en la Santa Iglesia, en Roma, junto al Santo Padre”. Con el tiempo, Marcel Lefebvre se convirtió en un hito (punto de referencia) en la historia de la Iglesia, y los tiempos venideros dirán la trascendencia de su obra, en la que manifestó su invariable fe. Cuando esa madre ejemplar abrazó a su recién nacida hija Bernadette, vaticinó su misión: “Ella será signo de contradicción”. Bernadette, como Marcel, lucharon toda su vida contra la autodestrucción de la Iglesia y perteneció a la misma Congregación. Trabajó en Gabón, en Roma y en St. Michel en Brenne, donde fue superiora de las Hermanas de la Fraternidad San Pío X.
Nacida en 1908, Christianne fue carmelita, como lo predijo su madre. Fue superiora del Carmelo de Quiévrain (Bélgica), fundado el día de la fiesta de Santa Teresa, el quince de octubre, en 1978, y apoyo espiritual para la Fraternidad San Pío X. Los hijos menores siguieron cristianamente la vocación matrimonial. Muy expresiva es la frase que el Santo Padre Pío XII dijera durante una audiencia a Sor María Gabriela: “¡Oh, dichosos padres, que han dado tantos hijos al buen Dios!”.
La muerte de aquella madre ejemplar no significó para ella el fin de su misión. Al despedirse de su vida en la tierra, afirma que estará atenta a las necesidades de los que quedan para ocuparse de ellas. Les dijo: “Sea en el matrimonio, o en otro camino, haced todo por amor al Padre”. Mis queridos hijos -recomienda- obrad siempre rectamente, amaos los unos a los otros. Poned siempre a Dios antes que todas las cosas del mundo, y haced todo por agradarle”. Su muerte fue la de los predestinados, que ponen su casa en orden y dicen la palabra que conviene a cada uno”. Era el 13 de julio de 1938.
En ese ambiente lleno de espiritualidad y vislumbrando una grave crisis en la Iglesia, creció Monseñor Marcel Lefebvre, perfilándose al igual que su padre, como un católico escrupuloso y ardiente, un sacerdote misionero riguroso en la expresión de la verdad, un combatiente, un resistente que jamás cede ante el enemigo, con esa testarudez que acepta la adversidad sin doblar la cabeza. Insistió en el valor de la tradición y en la necesidad de atenerse a ella para proteger la ortodoxia. Durante toda su vida no se apartó de la Tradición de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana que en 1948 le concedió el honor y la carga de ser Delegado Papal para toda el África de habla francesa. Con el respaldo de toda su vida actuó no para “dividir”, sino para “proteger” la unidad, tal como lo demuestra su resistencia a aceptar el falso ecumenismo. No fue cismático como muchos afirman, porque jamás rechazó la autoridad jerárquica con la intención de establecer una Iglesia paralela.
Algún día -no muy lejano- Roma reconocerá el mérito de su servidor Marcel Lefebvre, porque los hombres que dejan en la memoria de su vida un testimonio de adhesión a la verdad y que asumen con plena responsabilidad su Fe, continúan guiando a los cristianos. Su intención fue formar un ejército dispuesto, cueste lo que cueste, a permanecer católico frente a la descristianización que obra en el mundo. Como tantos otros santos notables en la vida de la Iglesia, Monseñor Marcel Lefebvre padeció para probar sus razones de Fe.
jacobozarzar@yahoo.com




viernes, 22 de abril de 2011

BEATIFICACION JUAN PABLO II




Monseñor Richard Williamson


COMENTARIOS ELEISON, 195


(9 de Abril de 2011)


El 1° de Mayo, a escasas semanas, Juan Pablo II será declarado " Beato" por Benedicto XVI en medio de una gran celebración en La Plaza de San Pedro en Roma. Pero los Católicos que se aferran a la Tradición saben que Juan Pablo II, en realidad fue un gran promotor de la Iglesia Conciliar, fue un destructor efectivo de la Iglesia Católica. ¿Entonces cómo puede ser proclamado "Beato", el último paso antes de ser canonizado, cuando las canonizaciones de la Iglesia son infalibles? La respuesta rápida es que Juan Pablo II no será beatificado como un Beato católico a través de una beatificación católica en la Iglesia católica, sino como un "Neobeato" a través de un "Neobeatificación" de la "Neoiglesia". Y los "Neovoprelados", primeros en proclamar la novedad por lo que hacen, son los últimos en reclamar infalibilidad.

Ilustremos la naturaleza de la Neoiglesia a través de una comparación obtenida de la vida moderna. La gasolina pura (bencina, nafta) huele, sabe y actúa como la gasolina. Esta puede hacer que un auto funcione. El agua pura huele, sabe y actúa como agua. El agua no puede hacer que un auto funcione. La gasolina mezclada con tan solo un poco de agua aún puede oler y saber a gasolina, pero ya no actúa mascomo gasolina --- no se puede usar para que funcione un auto. El agua le ha quitado su capacidad de combustión.

La gasolina pura se compara con el catolicismo puro - ¡altamente combustible! El agua pura en nuestra comparación es como el humanismo secular puro, lo que será la Religión global, sin rastro alguno de Catolicismo en ella. Ahora el Catolicismo y el humanismo secular se mezclaron en el Concilio Vaticano Segundo y en sus 16 documentos. Así es que el Conciliarismo, o Nuevo Catolicismo, puede aún oler y saber a Catolicismo, suficiente como para hacer que los "buenos Católicos" esperen que las beatificaciones Conciliares se pongan en la vía de la infalibilidad, así como hacían las beatificaciones en la Iglesia pre-Conciliar, pero en realidad una pequeña mezcla de humanismo secular fue suficiente para que el Catolicismo dejara de funcionar, así como no se necesita de mucha agua para que la gasolina ya no haga combustión.

Así es que las nuevas beatificaciones para los olfatos Católicos desprevenidos pueden saber y oler a beatificaciones Católicas, pero cuando se examinan más de cerca es claro que las nuevas beatificaciones no son para nada la misma realidad. Un ejemplo famoso: una beatificación Católica anteriormente requería de dos milagros distintos, mientras que la Neobeatificación requiere de uno solo. Y las reglas de la Neobeatificación están significativamente relajadas en algunas otras formas también. Por lo tanto ningún Católico debe esperar otra cosa diferente que un Nuevobeato que emerja de una Neobeatificación. Juan Pablo II fue de hecho un "Beato" del Concilio.

Lo que engaña a los Católicos son los elementos del Catolicismo que aún permanecen en la Iglesia Conciliar. Pero así como el Vaticano II fue diseñado para reemplazar el Catolicismo (gasolina pura) con el Conciliarismo (gasolina-agua), así el Conciliarismo está diseñado para dar paso - digámoslo así - a la Religión Global (agua pura). La procesión va de Dios hacia el Neodios, y del Neodios al Nodios. Hoy en día aún tenemos a la NeoRoma empujando al Neodios del Vaticano II con Neovobeatos que le correspondan, pero no pasará mucho tiempo para que verdaderos criminales sean los "Beatos" del Nodios.

Sin embargo, el verdadero Dios no dejará que aquellas ovejas que no quieren ser engañadas lo sean. Ni abandonará una sola alma que no lo haya abandonado a Él antes, dice San Agustín. ¡Cita maravillosa!

Kyrie eleison

viernes, 11 de marzo de 2011

Entrevista a Mons. Fellay sobre la situación actual de la Iglesia y la FSSPX (Parte II)



Entrevista a Mons. Fellay sobre la situación actual de la Iglesia y la FSSPX (Parte II)


IV. BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II



29. ¿Crea un problema el anuncio de la próxima beatificación de Juan Pablo II?

— Un problema grave: el de un pontificado que avanzó a grandes pasos en el sentido errado, en la dirección del progresismo y de todo aquello que se llama “el espíritu del Vaticano II”. Por eso, no es sólo una consagración de la persona de Juan Pablo II sino también del Concilio y de todo el espíritu que lo acompañó.


30. ¿Hay un nuevo concepto de santidad desde el Vaticano II?

— ¡Es de temerse! Es un concepto de santidad para todos, de santidad universal. Es verdad que hay una llamada, una vocación a la santidad hecha a todos los hombres; lo falso es rebajar la santidad a tal nivel, que lleva a pensar que todo el mundo va al cielo.


31. ¿Cómo podría permitir Dios verdaderos milagros para refrendar una falsa doctrina, con motivo de las múltiples beatificaciones y canonizaciones hechas en los últimos decenios?

— Ése es el problema: ¿se tratará de verdaderos milagros? ¿Se tratará de prodigios? Para mí existen dudas. Estoy muy extrañado, por lo que puedo saber, por la ligereza con la que se manejan estas cosas.


32. Si las canonizaciones comprometen la infalibilidad pontificia, ¿se pueden desconocer los nuevos santos canonizados por el Papa?

— Es verdad que hay un problema en las actuales canonizaciones. Con todo, uno puede preguntarse si en la fórmula utilizada por el Sumo Pontífice existe una verdadera voluntad de comprometer la infalibilidad. En el caso de la canonización se cambió la fórmula, los términos son mucho menos expresivos que antes. Creo que eso va de la mano con la mentalidad nueva, que no quiere hacer definiciones dogmáticas comprometiendo la infalibilidad. Ahora bien, admitamos que estamos ante presunciones… No hay respuestas convincentes, excepto la de la intención de la autoridad suprema de comprometer o no su infalibilidad.


33. ¿Uno puede elegir entre los santos recientemente propuestos a la veneración de los fieles? ¿Qué hay que hacer con el Padre Pío?

— Pienso que no hay que elegir. Sin embargo, siempre se podrá atender a los criterios que han sido universalmente reconocidos en el pasado. Así, cuando se está ante una devoción popular masiva —como es el caso del Padre Maximiliano Kolbe o el Padre Pío—, no debería generar dificultades. Reitero, aquí no hay más que opiniones, en razón de la ausencia de un juicio magisterial enunciado dogmáticamente.


34. ¿Y Mons. Lefebvre? ¿Conoce Ud. ejemplos de gracias concedidas por su intercesión?

— Sí, se conocen, y se conocen bastantes. No sé si corresponden al orden de los milagros… tal vez sí en un caso u otro. En el caso de la curación de enfermedades no tenemos, que yo sepa, todos los documentos médicos necesarios. Muchas gracias se conceden por intercesión de Monseñor. No abundo más.



V. LA FRATERNIDAD SAN PÍO X



35. La Fraternidad acaba de festejar un importante aniversario. ¿Cómo resumiría estos cuarenta años?

— Una historia apasionante… lágrimas —muchas—, en medio de grandes alegrías. Una de las alegrías más grandes es la de comprobar hasta qué punto Dios nos permite estar asociados a muchas de las bienaventuranzas que ha predicado en el Sermón de la Montaña, como es aquella de poder sufrir a causa de su nombre. Y en medio de todas las vicisitudes de la crisis actual vemos que esta obra continúa expandiéndose, algo que, humanamente, es casi imposible. He allí la mano de Dios en esta obra de Mons. Lefebvre.


36. ¿Existe un incremento de vocaciones? Si es así, ¿cuáles son las causas?

— Creo que hay una gran estabilidad. Desearía que hubiese más vocaciones. Creo que será necesario relanzar la cruzada de las vocaciones. El mundo es muy hostil, como tal, al surgimiento de las vocaciones; por eso debemos intentar restablecer los medios en los cuales las vocaciones puedan volver a surgir, porque hay vocaciones, pero con frecuencia no llegan a madurar a causa de este mundo materialista.


37. Últimamente, con motivo del Congreso de “Sí Sí, No no”, Ud. habló acerca de una reunión con unos treinta sacerdotes diocesanos de Italia en la que participó. ¿Qué esperan hoy en día de la Fraternidad estos sacerdotes?

— Ante todo estos sacerdotes nos piden la doctrina, lo que es un síntoma excelente. Si se acercan a nosotros es porque quieren la antigua misa, evidentemente, pero después de descubrir la antigua misa quieren otra cosa. Quieren algo más porque descubren todo un mundo de cuya autenticidad son conscientes. No dudan que allí está la verdadera religión. Por eso, necesitan refrescar sus conocimientos teológicos. Allí no yerran, van directamente a Santo Tomás de Aquino.


38. Este movimiento de sacerdotes que se acerca a la Fraternidad, ¿se da por igual, en grados diferentes, en todos los países?

— Existen grados diversos, por cierto, y cantidades distintas según los diferentes países. Sin embargo el fenómeno se reproduce un poco por todas partes: un sacerdote, en general joven, que se acerca a la misa tradicional, que descubre con gran entusiasmo este tesoro y que poco a poco transita el camino hacia la Tradición que, al final, lo transforma en cien por ciento tradicional.


39. ¿Abriga Ud. esperanza de que semejante interés también pueda extenderse a ciertos obispos, al punto de avizorar una futura colaboración?

— Ya tenemos contactos con obispos, aunque por el momento todo está bloqueado por las conferencias episcopales y por presiones circundantes. Pero no cabe duda de que en el futuro con algunos obispos pueda haber alguna colaboración.


40. ¿Está Ud. dispuesto a ensayar la experiencia de la Tradición con un obispo, a nivel de una diócesis?

— Las cosas no están maduras para eso, aún no hemos llegado a ese punto, pero pienso que sucederá. Será difícil, habrá que ver exactamente cómo podrá concretarse. Será preciso que eso tenga lugar con obispos que hayan comprendido realmente la crisis y que verdaderamente quieran que vayamos.


41. Los fieles son cada vez más numerosos. Se multiplican las capillas. El estado de necesidad sigue existiendo. ¿Planea Ud. consagrar otros obispos auxiliares para la Fraternidad? ¿Piensa que Roma podría estar a favor de que actualmente se consagren obispos en la Tradición?

— Para mí la respuesta es muy simple: habrá o no obispos según que las circunstancias imperantes en la primera consagración se repitan o no.



VI. LA EXPANSIÓN DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X



42. Monseñor, tenemos la alegría de verlo con frecuencia en los Estados Unidos. A Ud. le gusta venir. ¿Algún comentario?

— Mi comentario: amo a todas las almas que Dios nos confía y hay muchas en los Estados Unidos. ¡Es todo!


43. ¿Pudo encontrarse ya con el Cardenal Burke?

— Varias veces intenté verlo, pero aún no he podido hacerlo.


44. Muchos obispos de los Estados Unidos dieron su apoyo a la Marcha por la Vida; uno de ellos intervino enérgicamente contra un hospital que favorecía el aborto. ¿Existen esperanzas de que se den cuenta que la crisis actual también afecta la fe?

— Pienso que, desgraciadamente, entre los modernos hay que distinguir la moral y la fe; entonces se podrá ver que hay más obispos lúcidos ante los problemas morales que obispos comprometidos con las cuestiones de fe. Con todo, se puede decir que si alguien se pone a defender valientemente la moral católica, debe necesariamente tener la fe, y aún que su fe se verá fortalecida… Es lo que espero, sin perjuicio de lo cual reconozco que hay excepciones….


45. Los obispos norteamericanos quieren revisar juntos el conjunto de las directivas dadas por Juan Pablo II a las universidades. ¿Cuáles deberían ser, según Ud., las medidas urgentes que habría que tomar para hacer que las universidades actuales sean verdaderas universidades católicas?

— La medida urgente, la primera, es volver a la escolástica. Hay que dar de mano con las filosofías modernas, volver a la sana filosofía, la filosofía objetiva, realista. Santo Tomás —como ya sucedió a comienzos del siglo XX— debe volver a ser la norma. En otro tiempo las 24 Tesis Tomistas eran obligatorias. Hay que volver a eso, es absolutamente necesario. Después de esta restauración filosófica se podrá continuar en la misma línea para con la teología.


46. Mons. Robert Vasa, obispo de Baker (Oregon), recordó recientemente que las declaraciones de la Conferencia Episcopal no obligaban al obispo para con su diócesis. ¿Es un desafío a la colegialidad promovida por el Concilio?

— Sobre este tema de la colegialidad no ha hablado solamente un obispo. El Papa mismo, hablando ante la Conferencia Episcopal de Brasil, dirigió palabras enérgicas, volviendo a poner en su lugar el papel de las conferencias episcopales, insistiendo sobre la autoridad personal de los obispos y sus relaciones directas con el Santo Padre.


47. El Seminario de Winona es el más importante en número de seminaristas. ¿Cómo explica este hecho?

— Pienso que se debe simplemente a la generosidad de este país, que se deja entusiasmar fácilmente por una buena causa.


48. ¿Qué hay que hacer para multiplicar las vocaciones sacerdotales y religiosas?

— ¡Rezar, rezar y rezar! Y hacer sacrificios.


49. ¿Cuáles son los puntos fuertes de la Tradición en los Estados Unidos?

— Pienso que está esa generosidad, a la cual acabo de referirme, y las escuelas. Es verdad que existe una cantidad importante de sacerdotes y que precisaríamos tener más; pero diría que las escuelas, sobre todo, son indispensables. Del mismo modo hay que promover la ayuda a las familias tradicionalistas. Debemos montar un movimiento para las familias, para sostenerlas, para formarlas. Es la célula básica de la sociedad, es fundamental en el orden natural y en el orden sobrenatural.


50. ¿Cuál es la importancia que Ud. asigna a las escuelas?

— Es fundamental, es el futuro. La juventud será católica supuesto que reciba una buena formación. Y para eso precisamos contar con escuelas católicas.


51. Las familias numerosas y generosas a veces se ven obligadas a seguir cursos de educación a distancia. ¿Qué recomienda Ud. a las que tienen a la mano buenos colegios?

— Las que tienen a la mano buenos colegios no deben dudar un instante: ¡que pongan a sus hijos en estos colegios! La educación a distancia nunca reemplazará una buena escuela. Si no hay un buen colegio, la cosa es totalmente distinta.


52. ¿Planea Ud., Monseñor, convocar a una nueva cruzada de rosarios? ¿Qué recomienda a los fieles en la actualidad?

— ¡Sí! La situación del mundo, la situación de la Iglesia —se ve muy bien—, continúa siendo muy sombría; aún si hay algunos atisbos de esperanza, los factores inquietantes obligan, más que nunca, a intensificar nuestras plegarias, recurriendo a la Santísima Virgen. Para los fieles de hoy en día lo indispensable es la oración, la oración en familia, reiterada, frecuente, acompañada de lo que educa el alma cristiana, el espíritu de sacrificio.



VII. A MODO DE CONCLUSIÓN



53. Monseñor, el año que viene Ud. celebrará sus treinta años de sacerdocio, de los cuales dieciocho estuvo al frente de la Fraternidad San Pío X. ¿Cuáles fueron los acontecimientos más significativos a lo largo de todos estos años?

— ¡Es toda una novela! ¡Lo primero que hay que mencionar, por supuesto, son las consagraciones! Entre los acontecimientos importantes está también la alegría de haber estado cerca de Monseñor, la alegría de haber estado cerca del Padre Schmidberger, y de haber aprendido mucho junto a ellos; la alegría de haber podido trabajar también junto a los otros obispos de la Fraternidad, como con todos nuestros sacerdotes, en este gran movimiento de celo por la fe, por el sostenimiento de la Iglesia católica.


54. ¿Un deseo para los años por venir?

— ¡Que la Iglesia vuelva a su quicio! Es una imagen, pero es verdaderamente nuestro deseo. ¡Y para eso es preciso que advenga el triunfo del Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen! ¡Lo precisamos tanto!


Muchas gracias, Monseñor, por su disposición a responder a nuestras preguntas.


Fuente:
Entrevista concedido por Mons. Bernard Fellay al Distrito de Estados Unidos, 2 de Febrero de 2011, Tomado del sitio de la FSSPX en Estados Unidos. Traducido y publicado por el Distrito de Sudamérica.