-LIBERTAD DE EXPRESION-
"Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideraciones de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección y gusto."
"No he venido a traer paz, sino espada" San Mateo. X,34
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martes, 12 de febrero de 2013
PROYECCIÓN EN VALENCIA PELICULA SOBRE MONS. LEFEBVRE
viernes, 26 de octubre de 2012
CARTA ABIERTA A MONS. BERNARD FELLAY SOBRE SU EXPULSIÓN. POR MONS. RICHARD WILLIAMSON
Comunicado de la Casa General de la Fraternidad San Pío X (24 de octubre 2012)
viernes, 10 de agosto de 2012
DOCTRINA SOCAVADA; M. WILLIAMSON
viernes, 3 de agosto de 2012
Declaración del Capítulo General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (19 de julio de 2012)
sábado, 9 de junio de 2012
ENTREVISTA AL SUPERIOR DE LA FSSPX
Versión oficial de DICI MONS. BERNARD FELLAY
DICI: ¿Está usted preocupado por el retraso en la respuesta de Roma, que podría permitir a aquellos que están en contra de un reconocimiento canónico, alejar a los sacerdotes y fieles de la Fraternidad San Pío X?
Monseñor: Todo está en las manos de Dios. Confío en Dios y en su Divina Providencia, que sabe cómo manejar todo, incluso los retrasos, por el bien de los que le aman.
DICI: ¿La decisión del Papa fue postergada como algunas revistas lo han dicho? ¿La Santa Sede le hizo saber algo sobre un retraso a esperar?
Monseñor: No, yo no tenía conocimiento de ningún calendario. Incluso hay algunos que dicen que el Papa abordará esta cuestión en Castelgandolfo, en julio. ¿Una solución canónica antes de una solución doctrinal?
DICI: La mayoría de los que se oponen a la aceptación por parte de la Fraternidad de un eventual reconocimiento canónico, hacen resaltar que los debates doctrinales solo habrían podido conducir a esta aceptación [canónica] si hubieran desembocado en una solución doctrinal, es decir, en una “conversión” de Roma. ¿Su posición sobre este punto ha cambiado?
Monseñor: Debemos reconocer que estas reuniones fueron una oportunidad para exponer los diversos problemas que enfrentamos a propósito del Concilio Vaticano II. Lo que ha cambiado es que Roma ya no hace de una plena aceptación del Concilio Vaticano II una condición para la solución canónica. Hoy en día, en Roma, algunos consideran que una comprensión diferente del Concilio no es determinante para el futuro de la Iglesia, porque la Iglesia no es solo el Concilio. De hecho, la Iglesia no se limita solo al Concilio, ella es mucho más grande. Por lo tanto, hay que dedicarse a resolver problemas mayores. Esta toma de conciencia puede ayudarnos a entender lo que realmente está sucediendo: estamos llamados a ayudar a llevar a los demás el tesoro de la Tradición que hemos podido conservar. Así pues, es la actitud de la Iglesia oficial la que ha cambiado, nosotros no. No somos nosotros los que hemos pedido un acuerdo, es el Papa el que quiere reconocernos. Podemos pues preguntarnos el porqué de este cambio. ¡Todavía no estamos de acuerdo doctrinalmente, y sin embargo el Papa quiere reconocernos! ¿Por qué? La respuesta es ésta: hay problemas tremendamente importantes en la Iglesia de hoy. Debemos hacer frente a estos problemas. Debemos dejar de lado los problemas secundarios y hacer frente a problemas mayores. Esta es la respuesta de tal o cual prelado romano, pero no lo dirán jamás abiertamente; hay que leer entre líneas para entender. Las autoridades oficiales no quieren reconocer los errores del Concilio. Ellas no lo dirán nunca de manera explícita. Sin embargo, si leemos entre líneas, se puede ver que quieren remediar a algunos de estos errores. He aquí un ejemplo interesante sobre el sacerdocio. Ustedes saben que desde el Concilio ha habido una nueva concepción del sacerdocio que ha demolido la imagen del sacerdote. Hoy vemos claramente que las autoridades romanas tratan de restaurar la verdadera concepción del sacerdote. Ya lo habíamos observado claramente durante el Año Sacerdotal, que tuvo lugar en 2010-2011. Ahora la fiesta del Sagrado Corazón es el día dedicado a la santificación de los sacerdotes. En esta ocasión, una carta fue publicada y un examen de conciencia fue compuesto para los sacerdotes. Uno podría pensar que fueron a buscar este examen de conciencia a Ecône, puesto que está claramente en consonancia con la espiritualidad pre-conciliar. Esta revisión ofrece la imagen tradicional del sacerdote, e incluso su papel en la Iglesia. Es este el papel que Monseñor Lefebvre afirma cuando describe la misión de la Fraternidad: restaurar la Iglesia a través de la restauración del sacerdote. La carta dice: “La Iglesia y el mundo no pueden ser santificados sino por la santidad del sacerdote.” Realmente se pone al sacerdote en el centro. El examen de conciencia comienza con esta pregunta: “¿Es la principal preocupación del sacerdote la santificación?” Segunda pregunta: “¿El Santo Sacrificio de la Misa – que es la palabra que usan, no la Eucaristía, o la Synaxis o no sé qué otra cosa – es el centro de la vida del sacerdote?” Entonces se recuerdan las finalidades de la Misa: la alabanza a Dios, la oración, la reparación por los pecados … lo dicen todo. El sacerdote debe inmolarse – la palabra “inmolarse” no se usa, sino “darse”, sacrificarse para salvar a las almas. Todo está dicho. Luego viene la evocación de las postrimerías: “¿Piensa el sacerdote a menudo en sus postrimerías? ¿Piensa en pedir la gracia de la perseverancia final? ¿Se lo recuerda a sus fieles? ¿Visita a los moribundos para darles la extremaunción?” Usted ve cómo, de manera hábil, este documento romano recuerda claramente la idea tradicional del sacerdote. Por supuesto, esto no elimina todos los problemas, y todavía hay graves dificultades en la Iglesia: el ecumenismo, Asís, la libertad religiosa… pero el contexto está cambiando; y no sólo el contexto sino la situación misma… Yo distinguiría entre las relaciones exteriores y la situación interna. Las relaciones con el mundo exterior no han cambiado todavía, pero lo que sucede en la Iglesia, las autoridades romanas están tratando de cambiarlo poco a poco. Obviamente, todavía sigue existiendo un desastre mayor, debemos ser conscientes, y no decimos lo contrario, pero también hay que ver lo que se está haciendo. Este examen de conciencia para los sacerdotes es un ejemplo significativo. ¿Qué actitud frente a las cuestiones doctrinales?
DICI: Usted reconoce que dificultades serias persisten con el ecumenismo, la libertad religiosa… Si se diera un reconocimiento canónico ¿cuál sería su actitud frente a estos problemas? ¿No se sentiría obligado a mantener una cierta reserva?
Monseñor: Permítame responder a su pregunta con tres preguntas: ¿Las novedades que se introdujeron durante el Concilio fueron el comienzo de un mayor desarrollo de la Iglesia, de vocaciones y de la práctica religiosa? ¿No constatamos más bien por el contrario una forma de “apostasía silenciosa” en todos los países cristianos? ¿Podemos callarnos frente a estos problemas? Si queremos hacer fructificar el tesoro de la Tradición para el bien de las almas, debemos hablar y actuar. Necesitamos esta doble libertad de expresión y de acción. Pero yo desconfiaría de una denuncia puramente verbal de los errores doctrinales; denuncia más bien polémica dado que es sólo verbal. Con el realismo que le caracterizaba, Monseñor Lefebvre reconocía que las autoridades romanas y diocesanas serían más sensibles a las cifras y a los hechos presentados por la Fraternidad San Pío X, que a los argumentos teológicos. Es por eso que yo no dudo en afirmar que si un reconocimiento canónico sucediese, las dificultades doctrinales serían siempre resaltadas por nosotros, pero con la ayuda de una lección dada por los hechos mismos, signos tangibles de la vitalidad de la Tradición. Y por eso, como yo ya lo decía en el 2006, acerca de las etapas de nuestro diálogo con Roma, debemos tener “fe en la Misa tradicional, esta Misa que exige la integridad de la doctrina y de los sacramentos, promesa de toda fecundidad espiritual de las almas.”
DICI: 2012 no es 1988, año de su consagración episcopal. En 2009 se retiraron las excomuniones, en 2007 se reconoció oficialmente que la Misa Tridentina “nunca había sido abrogada,” pero ahora algunos miembros de la Fraternidad deploran que la Iglesia aún no se haya convertido. ¿El rechazo a priori de ellos de un reconocimiento canónico se debe a 40 años de una situación excepcional que resulta de una mala interpretación de la sumisión a la autoridad?
Monseñor: Lo que está pasando en estos días muestra claramente algunos de nuestros puntos débiles frente a los peligros que se han creado por la situación en la que estamos. Uno de los principales peligros es inventar una noción de la Iglesia que parece ideal, pero que no se sitúa de hecho en la verdadera historia de la Iglesia. Algunos argumentan que para trabajar “con seguridad” en la Iglesia, en primer lugar, ésta debe limpiarse de todo error. Esto es lo que se dice cuando se afirma que Roma debe convertirse antes de cualquier acuerdo, o que los errores deben ser primero removidos para que podamos trabajar. Pero esta no es la realidad. Basta con mirar el pasado de la Iglesia; a menudo y casi siempre, vemos que hay errores difundidos en la Iglesia. Ahora bien, los santos reformadores no la abandonaron para luchar contra estos errores. Nuestro Señor nos enseñó que habrá siempre cizaña hasta el final de los tiempos. No sólo la hierba buena, no sólo el trigo. En tiempos de los arrianos, los obispos trabajaron en medio de los errores para convencer de la verdad a los que estaban equivocados. No dijeron que querían estar fuera, como algunos dicen ahora. Por supuesto, siempre hay que tener cuidado con las expresiones “fuera,” “dentro,” porque somos de la Iglesia, somos católicos. Pero, ¿por este motivo podemos negarnos a convencer a aquellos que están en la Iglesia, bajo el pretexto de que están llenos de errores? ¡Veamos lo que han hecho los santos! Si Dios nos permite estar en una situación nueva, en un combate cuerpo a cuerpo al servicio de la verdad… Esta es la realidad que nos presenta la historia de la Iglesia. El Evangelio compara al cristiano con la levadura, ¿y queremos que la masa crezca, sin que estemos dentro de la masa? En esta situación, presentada por algunos como una situación imposible, se nos pide ir a trabajar al igual que todos los santos reformadores de todos los tiempos. Por supuesto, esto no elimina el peligro. Pero si tenemos la libertad suficiente de actuar, de vivir y crecer, hay que hacerlo. Realmente creo que esto debe hacerse, siempre y cuando tengamos la suficiente protección.
DICI: ¿Cree usted que hay miembros de la Fraternidad que, conscientemente o no, abrazan teorías sedevacantistas? ¿Tiene miedo de su influencia?
Monseñor: Ciertamente algunos pueden estar influidos por esas ideas, esto no es nuevo. Yo no creo que sean tan numerosos, pero pueden hacer daño, sobre todo mediante la difusión de rumores falsos. Pero realmente creo que la principal preocupación entre nosotros es más bien la cuestión de confianza en las autoridades romanas, temiendo que lo que pueda acontecer sea una trampa. Personalmente, estoy convencido de que no es el caso. Entre nosotros hay desconfianza de Roma, porque hemos sufrido demasiadas decepciones, por eso creemos que puede tratarse de una trampa. Es cierto que nuestros enemigos pueden pensar en utilizar este ofrecimiento como una trampa, pero el Papa que realmente quiere este reconocimiento canónico, no lo ofrece como una trampa. Ver lo que la propuesta romana permitirá de derecho y de hecho.
DICI: Varias veces Ud. ha repetido que el Papa quiere personalmente el reconocimiento canónico de la Fraternidad. ¿Tiene la confirmación personal y reciente del mismo Papa de que es realmente su voluntad?
Monseñor: Sí, es el Papa quien lo quiere, y yo lo he dicho varias veces. Tengo detalles suficientes en mi poder para afirmar que lo que digo es cierto, aunque no he tenido trato directo con el Papa, sino con sus más cercanos colaboradores.
DICI: La carta del 14 de abril, firmada por los otros tres obispos de la Fraternidad, por desgracia ha sido publicada en Internet, ¿el análisis que ella presenta corresponde a la situación de la Iglesia?
Monseñor: Sobre sus posiciones, no excluyo la posibilidad de una evolución. La primera pregunta para nosotros, que hemos sido consagrados por Mons. Lefebvre, fue la de la supervivencia de la Tradición. Creo que si mis colegas ven y comprenden que en derecho y en los hechos hay en la propuesta romana una verdadera oportunidad para la Fraternidad de “restaurar todas las cosas en Cristo,” a pesar de todos los problemas que permanecen en la Iglesia hoy, entonces podrán reajustar su juicio – es decir, con el estatuto canónico en mano y los hechos ante sus ojos. Sí, yo creo, lo espero. Y debemos orar por esta intención.
DICI: Algunos en todo el mundo, incluyendo miembros de la Fraternidad, han utilizado pasajes de una entrevista que Ud. dio a Catholic News Service; estos pasajes sugieren que a sus ojos Dignitatis humanae ya no presenta dificultades. ¿Es la manera como esta entrevista se hizo lo que alteró el significado de lo que Ud. quiso expresar? ¿Cuál es su posición sobre esta cuestión en comparación con lo que Mons. Lefebvre enseñaba?
Monseñor: Mi posición es la de la Fraternidad y la de Mons. Lefebvre. Como de costumbre, en un asunto muy delicado; hay que hacer distinciones, y algunas de estas distinciones desaparecieron en la entrevista de televisión que se redujo a menos de 6 minutos. Pero el relato escrito que CNS hizo de mis comentarios, restablece lo que dije y que no se ha conservado en la versión difundida: “A pesar de que Mons. Fellay se niega a asumir la interpretación (de la libertad religiosa) por Benedicto XVI como si estuviera en continuidad con la Tradición de la Iglesia, – una posición que muchos en la Iglesia han discutido muy fuertemente -, Mons. Fellay habló de la idea en términos sorprendentemente simpáticos.” En realidad, yo solamente recordé que ya existe una solución tradicional al problema de la libertad religiosa y que se llama la tolerancia. Sobre el Concilio, cuando se me hizo la pregunta: “¿Pertenece el Vaticano II a la Tradición?” Le dije: “Quisiera esperar que así fuera” (lo que una traducción al francés defectuosa se ha convertido en: “Espero que sí”). Esto está en la línea de las distinciones hechas por Mons. Lefebvre de leer el Concilio a la luz de la Tradición: lo que está de acuerdo con la Tradición, lo aceptamos; lo que es dudoso, lo entendemos como la Tradición siempre lo ha enseñado; lo que es lo contrario, lo rechazamos. Las relaciones de la Fraternidad San Pío X con los obispos diocesanos.
DICI: Una prelatura personal es la estructura canónica que Usted ha indicado en declaraciones recientes. Ahora bien, en el Código, el canon N º 297 requiere no sólo informar sino también obtener el permiso de los obispos diocesanos para fundar una obra en su territorio. Si bien es claro que cualquier reconocimiento canónico preservará nuestro apostolado en su estado actual, ¿está Ud. dispuesto a aceptar que las obras futuras no sean posibles sino con el permiso del obispo en las diócesis donde la Fraternidad San Pío X no está actualmente presente?
Monseñor: Hay mucha confusión sobre este tema, y ??es causada principalmente por una mala interpretación de la naturaleza de la prelatura personal, así como por un desconocimiento de la relación normal entre el Ordinario del lugar y la Prelatura. A esto se añade el hecho de que la única referencia disponible en la actualidad sobre una prelatura personal es el Opus Dei. Sin embargo, seamos claros, si una prelatura personal nos fuese dada, nuestra situación no sería la misma. Para entender mejor lo que sucedería, creo que nuestra situación sería mucho más similar a la de un Ordinariato Militar, porque tendríamos una jurisdicción ordinaria sobre los fieles. Seríamos como una especie de diócesis cuya jurisdicción se extiende a todos sus fieles, independientemente de su situación territorial. Todas las capillas, iglesias, prioratos, escuelas y obras de la Fraternidad y de las Congregaciones religiosas amigas serían reconocidos con una verdadera autonomía para ejercer su ministerio. Sigue siendo cierto – como lo es el derecho de la Iglesia – que para abrir una nueva capilla o fundar una nueva obra, sería necesario contar con el permiso del Ordinario del lugar. Por supuesto, hemos mostrado a Roma como nuestra situación actual es difícil en las diócesis, y Roma sigue trabajando en ello. Aquí o allá, esta dificultad será real, pero ¿desde cuándo la vida es sin dificultades? Lo más probable es que también tengamos el problema opuesto, es decir, que no vamos a ser capaces de responder a las peticiones que vendrán de obispos amigos. Pienso en un algún obispo que podría pedirnos que nos encarguemos de la formación de los futuros sacerdotes de su diócesis. De ninguna manera nuestras relaciones serían las de una congregación religiosa con un obispo, sino más bien las de un obispo con otro obispo, así como ocurre con los Ucranianos o los Armenios de la diáspora. Y si entonces un problema no se ha podido resolver, éste iría a Roma, y ??habría entonces una intervención romana para resolver el problema. Sea dicho de paso, lo que se ha informado a través de Internet con respecto a mis comentarios sobre este tema, en Austria, el mes pasado, es completamente falso.
DICI: Si hay reconocimiento canónico, ¿qué va a pasar con las capillas amigas de la Fraternidad e independientes de la diócesis? ¿Los obispos de la Fraternidad continuarán a administrar la confirmación, a proporcionar los Santos Oleos? Monseñor: Si trabajan con nosotros, no habrá problema: será igual que ahora. Si no, todo dependerá de lo que estas capillas entienden por independencia. DICI: ¿Va a haber una diferencia en sus relaciones con las comunidades Ecclesia Dei?
Monseñor: La primera diferencia es que ellos se verán obligados a dejar de tratarnos de cismáticos. Sobre un desarrollo futuro, es claro que algunos se acercarán a nosotros, puesto que ya nos aprueban discretamente; otros no. El tiempo nos dirá cómo se desarrollará la Tradición en esta nueva situación. Tenemos grandes expectativas para el apostolado tradicional, así como algunas personas importantes en Roma y el mismo Papa. Tenemos grandes esperanzas de que la Tradición se desarrolle con nuestra llegada.
DICI: Siempre si hay reconocimiento canónico ¿le dará la oportunidad a los cardenales de la Curia, o a los obispos, de visitar nuestras capillas, celebrar la Misa, administrar las confirmaciones, tal vez incluso de conferir las ordenaciones en los seminarios?
Monseñor: Los obispos favorables a la Tradición, los cardenales conservadores van a acercarse. Hay todo un desarrollo a prever, sin conocer los detalles específicos. Y sin duda también habrá dificultades, que es bastante normal. No hay duda de que van a venir a visitarnos, pero para trabajar de forma más precisa, como la celebración de la Misa o la ordenación, esto dependerá de las circunstancias. Así como queremos que la Tradición crezca, esperamos que la Tradición se desarrolle entre los obispos y cardenales. Un día todo será armoniosamente tradicional, pero ¿cuánto tiempo se necesitará? Sólo Dios lo sabe.
DICI: En espera de la decisión de Roma, ¿cuáles son sus disposiciones internas? ¿Cuáles le gustaría que fueran para los sacerdotes y fieles apegados a la Tradición?
Monseñor: Cuando en 1988, Mons. Lefebvre anunció que iba a consagrar a cuatro obispos, algunos lo animaron a hacerlo y otros trataron de disuadirlo. Sin embargo, nuestro fundador mantuvo la paz, porque él no tenía en vista sino la voluntad de Dios y el bien de la Iglesia. Hoy en día, debemos tener las mismas disposiciones interiores. Como su santo Patrono, la Fraternidad San Pío X tiene la voluntad de “restaurar todas las cosas en Cristo,” algunos dicen que no es el tiempo, otros por el contrario, que es el momento adecuado. Por mi parte yo solo sé una cosa: siempre es el momento para hacer la voluntad de Dios y sabemos que El nos la hace conocer en el momento oportuno, siempre y cuando nos mostremos receptivos a sus inspiraciones. Por esto, he pedido a los sacerdotes renovar la consagración de la Fraternidad San Pío X al Sagrado Corazón de Jesús, en su fiesta, el 15 de junio próximo, y prepararse a ello con una novena, durante la cual se recitarán las Letanías del Sagrado Corazón en todas nuestras casas. Todos pueden unirse pidiendo la gracia de convertirse en instrumentos dóciles de la restauración de todas las cosas en Cristo.
(DICI N º 256, de DICI 08/06/12) Fuente: Dici
viernes, 25 de mayo de 2012
TENEBROSAS "LUCES"
jueves, 26 de abril de 2012
El estado de las relaciones FSSPX-Roma, según la FSSPX
lunes, 16 de abril de 2012
“Roma y Ecône, a punto de sellar el acuerdo” ?¿?¿

Urgente: Le Figaro – “Roma y Ecône, a punto de sellar el acuerdo” (actualizado II)
Del diario francés Le Figaro en un artículo firmado por su corresponsal principal en religión, Jean-Marie Guénois. Al momento de esta publicación, Rorate Caeli y Saint Louis Catholic se están haciendo eco de lo publicado por el diario francés. En cuanto al periodista Guénois, en este tema específico tuvo publicaciones acertadas en el pasado, por ej. véase aquí, aquí y aquí.
Roma y Ecône a punto de sellar el acuerdo (texto completo)
por Jean-Marie Guénois
La firma de un documento que establece las relaciones entre la Santa Sede y los discípulos del arzobispo Lefebvre es una cuestión de días.
Oficialmente, el Vaticano espera la respuesta del obispo Bernard Fellay, jefe de los lefebvrianos. Tan pronto como se reciba en Roma - "es una cuestión de días, y ya no de semanas"-, será examinado de inmediato. Si se ajusta a las expectativas, la Santa Sede, muy pronto anunciará un acuerdo histórico con este grupo de fieles, conocidos con el nombre de "integristas".
Sin embargo, extraoficialmente, y con la mayor discreción, desde ambos lados los emisarios han trabajado para "llegar a un acuerdo". En las últimas semanas, han concluido los ajustes finales entre Roma y Ecône en orden a responder mejor a la demanda de "aclaraciones" solicitada por el Vaticano el pasado 16 de marzo.
Una negociación muy delicada
Es así que la respuesta final de Mons. Fellay, muy bien meditada y bien preparada, debe establecer - esta vez, definitivamente - una negociación muy delicada, que fue relanzada por el Papa Benedicto XVI tras su elección, en 2005.
La comisión "Ecclesia Dei", que se encuentra dentro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ministerio más importante en el Vaticano, está a cargo de este expediente. Pero también es, en este punto, es seguido personalmente por Benedicto XVI. Y quiere un acuerdo.
Lo que permite considerar, por parte de personas bien informadas, que un resultado positivo realmente tendrá lugar. Incluso a costa de la permanencia e insistencia en los profundos desacuerdos respecto al Concilio Vaticano II. Desacuerdos completamente aceptados, además, por el Papa.
Él ha puesto su pontificado en la línea de reinterpretación del Concilio Vaticano II. Siguiendo dos directrices: salirse del espíritu de "ruptura" del 68 y evitar la oposición entre la más alta tradición de la Iglesia y la modernidad.
Cincuenta años de oposición
El lunes, Benedicto XVI llegará a 85 años de edad. Está cansado. Su entorno no lo oculta. Ha tenido que descansar esta semana en Castel Gandolfo, después de sus agotadores viajes a México y Cuba, luego de las largas celebraciones de Semana Santa. Su Santidad debería estar de vuelta en el Vaticano el viernes por la noche. Con una prioridad de su entera responsabilidad: la decisión sobre el caso lefebvrista. Será uno de los de mayor peso en el Pontificado.
Durante cincuenta años, los Lefebrvistas se han mantenido opuestos a la Santa Sede en relación con el Concilio Vaticano II. Y en la ruptura formal jurídica desde junio de 1988, cuando Mons. Marcel Lefebvre ordenó a cuatro obispos a pesar de interdicto del Papa.
Joseph Ratzinger se colocó en su momento por Juan Pablo II, al frente de las negociaciones con el obispo rebelde. Él nunca ha aceptado el fracaso. Tampoco, una vez convertido en el Papa, la posibilidad de un cisma permanente en la Iglesia.
Benedicto XVI impulsa a la Iglesia a reconciliarse con ella.
Uno tras otro, Benedicto XVI ha demolido, con toda su autoridad papal, los obstáculos que impedían una plena reconciliación con los discípulos de Mons. Marcel Lefebvre.
Y, si el acuerdo final se anuncia en los próximos días, la parte esencial de la obra ya fue puesta en marcha por este Papa:
- El restablecimiento en 2007 - como un "extraordinario" rito de la Iglesia Católica - de la misa celebrada en latín, es decir, según el Misal de Juan XXIII en vigor antes del Concilio.
- La eliminación, en 2009, de las excomuniones impuestas sobre los cuatro obispos ordenados por Mons. Lefebvre.
- La puesta en marcha de las discusiones doctrinales entre la Santa Sede y la Fraternidad de San Pío X, en ese mismo año, en relación con el Concilio Vaticano II.
El aparente fracaso de este último, hace un año, había dado la impresión de un completo fracaso de la negociación.
El desacuerdo doctrinal entre los lefebvristas y Roma en relación con el Concilio Vaticano II fue efectivamente abisal. Pero se había olvidado que el objeto de esas conversaciones no fue el de llegar a un acuerdo, pero el establecer una lista de divergencias con sus respectivas razones.
Se sabe fuertemente y, por tanto, sin ninguna ambigüedad, que Roma tiene la intención de sellar esta unidad encontrada de nuevo con Ecône, bastión de los lefebvrianos en Suiza.
Esto probablemente se llevará a cabo con la creación de un estatuto especial - una "prelatura personal" - ya experimentado por el Opus Dei. Esta estructura garantiza una verdadera autonomía de acción en el momento mismo que la fe católica es compartida. Sus superiores responden directamente al Papa, y no a los obispos.
Sin embargo, la verdadera "revolución" que Benedicto XVI tiene intención de dejar a la vista de la historia de la Iglesia Católica está en otra parte. No está relacionado a los aspectos periféricos de la Iglesia Católica. Estos ya han enfurecido a los grupos que se oponen a esta reconciliación. Los llamados "progresistas" de la Iglesia conciliar, que ven las "ganancias" del Concilio Vaticano II puestas en duda. Los "ultras" en las filas lefebvristas, que ven en esto una traición y un compromiso con el modernismo de Roma.
Esta revolución apunta a una visión ampliada de la Iglesia Católica. Benedicto XVI, el teólogo, nunca ha aceptado que en 1962 la bimilenaria Iglesia Católica se habría distanciado de la cultura y de la fuerza de su pasado. Más que a una reconciliación con los lefebvristas, lo que él pretende, con este gesto, es una reconciliación de la Iglesia Católica con ella misma.
viernes, 30 de marzo de 2012
XXI ANIVERSARIO FALLECIMIENTO DE MONSEÑOR LEFEVBRE

Recordamos hoy día 25 de marzo la muerte de Monseñor Lefevbre, hace 21 años, con dos citas suyas con plena vigencia. Mons. Lefebvre, requiescat in pace.
"Tratamos con personas que no tienen ninguna noción de la verdad, ni la menor idea de lo que puede ser una verdad inmutable. Es gracioso comprobar que esos mismos liberales relativistas que fueron los verdaderos autores del Vaticano II, ahora llegan a dogmatizar ese Concilio que sin embargo habían declarado pastoral, y quieren imponernos las novedades conciliares como doctrinas definitivas e intocables. Y se enfadan cuando les digo: “Ah, ¡vosotros decís que el Papa ya no escribiría hoy Quas Primas! ¡Vaya! yo os digo: tampoco se escribiría ya hoy vuestro Concilio; ya está superado. Vosotros os aferráis a él porque es vuestra obra; pero yo me atengo a la Tradición porque es obra del Espíritu Santo.” "
"Queda claro que lo que se nos pide sin cesar: entera sumisión al Papa, entera sumisión al Concilio, aceptación de toda la reforma litúrgica, va en un sentido contrario a la tradición, en la medida en que el Papa, el Concilio y las reformas nos alejan de la tradición, como los hechos lo prueban más y más a través de los años. Pedirnos eso, es pedirnos colaborar con la desaparición de la fe. ¡Imposible! Los mártires han muerto por defender la fe ¡Tenemos los ejemplos de cristianos prisioneros, torturados, enviados a campos de concentración por su fe! Un grano de incienso ofrecido a la divinidad, y ya está, habrían salvado sus vidas. Me han aconsejado a veces: “¡Firmad, firmad que aceptáis todo y luego conti-nuad como antes!” ¡No! ¡No se juega con la fe!"
Mons. Marcel Lefebvre, Le Destronaron. Del liberalismo a la apostasía. La tragedia conciliar, (Obras completas. Tomo 1) Voz en el Desierto, México D.F., 2002.
Que la Virgen los acompañe siempre
jueves, 17 de noviembre de 2011
MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE

MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE
(El coraje de la fidelidad)
Monseñor Marcel Lefebvre fue hijo de un industrial textil de Tourcoing, al norte de Francia. Este jefe de empresa, se levantaba muy temprano cada mañana para oír Misa de las seis y cuarto, comulgar y rezar un rosario antes de ir a su fábrica. Al terminar las labores, era siempre el último en abandonar las oficinas y talleres, animando en casa a llevar a cabo la oración familiar de la noche, proferida de rodillas ante un crucifijo, a la hora en que los más chicos habían sido mandados a la cama.
El padre de Monseñor Lefebvre era terciario de San Francisco y, sin duda a ese título, llevaba su escapulario destinado a recordarle las duras reglas de la orden franciscana, reglas que había hecho voto de seguir en parte. Quería ser, en todo caso, uno de los mejores hijos de la Virgen María, y seguramente se impuso severos sacrificios personales para “merecer el Cielo”.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial (1914-1918), él no contaba con más de treinta y cinco años, pero tenía ya seis hijos, lo que le valió ser dispensado de combatir. Hubiera podido festejarlo, pero él lo sintió como una afrenta. Desde los primeros combates, que se desarrollaron cerca de Bélgica, se alistó en una sociedad de socorro a los heridos militares. Manejando su propio automóvil, atravesó muchas veces las líneas francesas y alemanas bajo fuegos cruzados, para recoger y llevar al hospital de Tourcoing a los más graves.
Después de la guerra, la ruina golpeó su empresa. Fue muy duro para él reconocer la quiebra de su negocio y los efectos que pudiera tener en su familia. Sin embargo recordó a Job: “Dios me ha dado todo, Dios me quitó todo, alabado sea su Santo Nombre”. Pero afirmaba también: “Ayúdate, que Dios te ayudará”. Y le hizo frente. Llegó a restablecer la situación, “por obra de la Providencia Divina”, decía.
La vida del padre de Monseñor Marcel Lefebvre fue la de un patriota y un cristiano ejemplares. Durante la guerra de 1940, a los sesenta y dos años de edad, los alemanes lo “ficharon” y lo arrestaron, lo sometieron a juicio y lo encerraron en el campo de concentración de Sonnemburg. Allí murió en el año 1944. Sus compañeros de cautiverio han contado su extraordinario coraje, en medio de indecibles privaciones, en una celda repugnante, bajo los golpes de los carceleros y de los enfermeros. Años más tarde, infinidad de personas relataron, sobre todo, cómo su fe, inconmovible y fraternal, sirvió de inmensa ayuda a todos los que lo rodeaban. Se le recuerda diciendo en voz alta el “De profundis” por los camaradas que fueron falleciendo cada día. Siempre conservó un Misal y una “Imitación de Cristo”, atados a su cuerpo con un cordel. Ese “rigorismo” del padre produjo que de los ocho hijos, cinco se hicieran sacerdotes, religiosos o religiosas, que consagraron su vida a Dios. La madre de Monseñor Lefebvre tenía un carácter completamente excepcional. Era una mujer extraordinaria. Entre los años de 1914 a 1918, con seis hijos en casa y su marido ausente, condujo con decisión muchas tareas diferentes, absorbentes y en cierto modo peligrosas: dirigía la fábrica, asistía a los heridos, visitaba a los enfermos y a los pobres y resistía al ocupante alemán, lo que le valió ser puesta en prisión. Cuando salió libre, ejerció las funciones de contadora que la empresa no podía pagar. La salvación posterior de la compañía fue obra suya.
Hombre y mujer de carácter, los padres de Monseñor Lefebvre, debieron por lo menos en su juventud, haber enfrentado sus propios temperamentos. Si hubieran vivido sin ideal, sin religión y en nuestra época, quizá su unión habría sufrido pruebas dolorosas. Pero rogaron a Dios juntos y Él les dio la paciencia, la humildad y el don de apertura hacia el otro, lo que les permitió comprender cuán profundo, finalmente era, su amor mutuo y cómo podían hacerse complementarias sus convicciones personales. De esa manera constituyeron un hogar admirable y dieron a todos los esposos cristianos de su alrededor un maravilloso ejemplo. Referente a los problemas que todos los matrimonios tienen entre sí, la madre de Monseñor comentó un día: “¿Qué importa que los pasajeros se lastimen con el golpe de las ramas? ¿No es éste, más bien, el signo de que avanzan? Y ¡Qué alegría tendrán cuando, habiendo alcanzado la otra orilla, vuelvan a encontrarse juntos en la paz!”
Todos los hermanos Lefebvre gozaron de esa educación tan fecunda y auténtica que no se fundamenta en los métodos pedagógicos, sino en la transfusión del alma de la madre a los hijos y en la autoridad moral del padre. Se recuerda que la madre de Monseñor Lefebvre rogó y comulgó cada día de los nueve meses de espera para que su hijo mayor fuera sacerdote. René Lefebvre fue sacerdote misionero de los Padres del Espíritu Santo, en Gabón, durante cuarenta años. Quiso la madre reparar por los enormes y numerosos pecados del mundo orando mientras se formaba su hija Jeanne, que fue religiosa Reparatríz. Asombraba por su paciencia y dulzura; leía y meditaba la vida de Santa Mónica, mientras crecía en ella su hijo Marcel. Después del bautismo anunció: “Tendrá un papel en la Santa Iglesia, en Roma, junto al Santo Padre”. Con el tiempo, Marcel Lefebvre se convirtió en un hito (punto de referencia) en la historia de la Iglesia, y los tiempos venideros dirán la trascendencia de su obra, en la que manifestó su invariable fe. Cuando esa madre ejemplar abrazó a su recién nacida hija Bernadette, vaticinó su misión: “Ella será signo de contradicción”. Bernadette, como Marcel, lucharon toda su vida contra la autodestrucción de la Iglesia y perteneció a la misma Congregación. Trabajó en Gabón, en Roma y en St. Michel en Brenne, donde fue superiora de las Hermanas de la Fraternidad San Pío X.
Nacida en 1908, Christianne fue carmelita, como lo predijo su madre. Fue superiora del Carmelo de Quiévrain (Bélgica), fundado el día de la fiesta de Santa Teresa, el quince de octubre, en 1978, y apoyo espiritual para la Fraternidad San Pío X. Los hijos menores siguieron cristianamente la vocación matrimonial. Muy expresiva es la frase que el Santo Padre Pío XII dijera durante una audiencia a Sor María Gabriela: “¡Oh, dichosos padres, que han dado tantos hijos al buen Dios!”.
La muerte de aquella madre ejemplar no significó para ella el fin de su misión. Al despedirse de su vida en la tierra, afirma que estará atenta a las necesidades de los que quedan para ocuparse de ellas. Les dijo: “Sea en el matrimonio, o en otro camino, haced todo por amor al Padre”. Mis queridos hijos -recomienda- obrad siempre rectamente, amaos los unos a los otros. Poned siempre a Dios antes que todas las cosas del mundo, y haced todo por agradarle”. Su muerte fue la de los predestinados, que ponen su casa en orden y dicen la palabra que conviene a cada uno”. Era el 13 de julio de 1938.
En ese ambiente lleno de espiritualidad y vislumbrando una grave crisis en la Iglesia, creció Monseñor Marcel Lefebvre, perfilándose al igual que su padre, como un católico escrupuloso y ardiente, un sacerdote misionero riguroso en la expresión de la verdad, un combatiente, un resistente que jamás cede ante el enemigo, con esa testarudez que acepta la adversidad sin doblar la cabeza. Insistió en el valor de la tradición y en la necesidad de atenerse a ella para proteger la ortodoxia. Durante toda su vida no se apartó de la Tradición de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana que en 1948 le concedió el honor y la carga de ser Delegado Papal para toda el África de habla francesa. Con el respaldo de toda su vida actuó no para “dividir”, sino para “proteger” la unidad, tal como lo demuestra su resistencia a aceptar el falso ecumenismo. No fue cismático como muchos afirman, porque jamás rechazó la autoridad jerárquica con la intención de establecer una Iglesia paralela.
Algún día -no muy lejano- Roma reconocerá el mérito de su servidor Marcel Lefebvre, porque los hombres que dejan en la memoria de su vida un testimonio de adhesión a la verdad y que asumen con plena responsabilidad su Fe, continúan guiando a los cristianos. Su intención fue formar un ejército dispuesto, cueste lo que cueste, a permanecer católico frente a la descristianización que obra en el mundo. Como tantos otros santos notables en la vida de la Iglesia, Monseñor Marcel Lefebvre padeció para probar sus razones de Fe.
jacobozarzar@yahoo.com
viernes, 22 de abril de 2011
BEATIFICACION JUAN PABLO II

Monseñor Richard Williamson
COMENTARIOS ELEISON, 195
(9 de Abril de 2011)
El 1° de Mayo, a escasas semanas, Juan Pablo II será declarado " Beato" por Benedicto XVI en medio de una gran celebración en La Plaza de San Pedro en Roma. Pero los Católicos que se aferran a la Tradición saben que Juan Pablo II, en realidad fue un gran promotor de la Iglesia Conciliar, fue un destructor efectivo de la Iglesia Católica. ¿Entonces cómo puede ser proclamado "Beato", el último paso antes de ser canonizado, cuando las canonizaciones de la Iglesia son infalibles? La respuesta rápida es que Juan Pablo II no será beatificado como un Beato católico a través de una beatificación católica en la Iglesia católica, sino como un "Neobeato" a través de un "Neobeatificación" de la "Neoiglesia". Y los "Neovoprelados", primeros en proclamar la novedad por lo que hacen, son los últimos en reclamar infalibilidad.
Ilustremos la naturaleza de la Neoiglesia a través de una comparación obtenida de la vida moderna. La gasolina pura (bencina, nafta) huele, sabe y actúa como la gasolina. Esta puede hacer que un auto funcione. El agua pura huele, sabe y actúa como agua. El agua no puede hacer que un auto funcione. La gasolina mezclada con tan solo un poco de agua aún puede oler y saber a gasolina, pero ya no actúa mascomo gasolina --- no se puede usar para que funcione un auto. El agua le ha quitado su capacidad de combustión.
La gasolina pura se compara con el catolicismo puro - ¡altamente combustible! El agua pura en nuestra comparación es como el humanismo secular puro, lo que será la Religión global, sin rastro alguno de Catolicismo en ella. Ahora el Catolicismo y el humanismo secular se mezclaron en el Concilio Vaticano Segundo y en sus 16 documentos. Así es que el Conciliarismo, o Nuevo Catolicismo, puede aún oler y saber a Catolicismo, suficiente como para hacer que los "buenos Católicos" esperen que las beatificaciones Conciliares se pongan en la vía de la infalibilidad, así como hacían las beatificaciones en la Iglesia pre-Conciliar, pero en realidad una pequeña mezcla de humanismo secular fue suficiente para que el Catolicismo dejara de funcionar, así como no se necesita de mucha agua para que la gasolina ya no haga combustión.
Así es que las nuevas beatificaciones para los olfatos Católicos desprevenidos pueden saber y oler a beatificaciones Católicas, pero cuando se examinan más de cerca es claro que las nuevas beatificaciones no son para nada la misma realidad. Un ejemplo famoso: una beatificación Católica anteriormente requería de dos milagros distintos, mientras que la Neobeatificación requiere de uno solo. Y las reglas de la Neobeatificación están significativamente relajadas en algunas otras formas también. Por lo tanto ningún Católico debe esperar otra cosa diferente que un Nuevobeato que emerja de una Neobeatificación. Juan Pablo II fue de hecho un "Beato" del Concilio.
Lo que engaña a los Católicos son los elementos del Catolicismo que aún permanecen en la Iglesia Conciliar. Pero así como el Vaticano II fue diseñado para reemplazar el Catolicismo (gasolina pura) con el Conciliarismo (gasolina-agua), así el Conciliarismo está diseñado para dar paso - digámoslo así - a la Religión Global (agua pura). La procesión va de Dios hacia el Neodios, y del Neodios al Nodios. Hoy en día aún tenemos a la NeoRoma empujando al Neodios del Vaticano II con Neovobeatos que le correspondan, pero no pasará mucho tiempo para que verdaderos criminales sean los "Beatos" del Nodios.
Sin embargo, el verdadero Dios no dejará que aquellas ovejas que no quieren ser engañadas lo sean. Ni abandonará una sola alma que no lo haya abandonado a Él antes, dice San Agustín. ¡Cita maravillosa!
Kyrie eleison
viernes, 11 de marzo de 2011
Entrevista a Mons. Fellay sobre la situación actual de la Iglesia y la FSSPX (Parte II)

Entrevista a Mons. Fellay sobre la situación actual de la Iglesia y la FSSPX (Parte II)
IV. BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II
29. ¿Crea un problema el anuncio de la próxima beatificación de Juan Pablo II?
— Un problema grave: el de un pontificado que avanzó a grandes pasos en el sentido errado, en la dirección del progresismo y de todo aquello que se llama “el espíritu del Vaticano II”. Por eso, no es sólo una consagración de la persona de Juan Pablo II sino también del Concilio y de todo el espíritu que lo acompañó.
30. ¿Hay un nuevo concepto de santidad desde el Vaticano II?
— ¡Es de temerse! Es un concepto de santidad para todos, de santidad universal. Es verdad que hay una llamada, una vocación a la santidad hecha a todos los hombres; lo falso es rebajar la santidad a tal nivel, que lleva a pensar que todo el mundo va al cielo.
31. ¿Cómo podría permitir Dios verdaderos milagros para refrendar una falsa doctrina, con motivo de las múltiples beatificaciones y canonizaciones hechas en los últimos decenios?
— Ése es el problema: ¿se tratará de verdaderos milagros? ¿Se tratará de prodigios? Para mí existen dudas. Estoy muy extrañado, por lo que puedo saber, por la ligereza con la que se manejan estas cosas.
32. Si las canonizaciones comprometen la infalibilidad pontificia, ¿se pueden desconocer los nuevos santos canonizados por el Papa?
— Es verdad que hay un problema en las actuales canonizaciones. Con todo, uno puede preguntarse si en la fórmula utilizada por el Sumo Pontífice existe una verdadera voluntad de comprometer la infalibilidad. En el caso de la canonización se cambió la fórmula, los términos son mucho menos expresivos que antes. Creo que eso va de la mano con la mentalidad nueva, que no quiere hacer definiciones dogmáticas comprometiendo la infalibilidad. Ahora bien, admitamos que estamos ante presunciones… No hay respuestas convincentes, excepto la de la intención de la autoridad suprema de comprometer o no su infalibilidad.
33. ¿Uno puede elegir entre los santos recientemente propuestos a la veneración de los fieles? ¿Qué hay que hacer con el Padre Pío?
— Pienso que no hay que elegir. Sin embargo, siempre se podrá atender a los criterios que han sido universalmente reconocidos en el pasado. Así, cuando se está ante una devoción popular masiva —como es el caso del Padre Maximiliano Kolbe o el Padre Pío—, no debería generar dificultades. Reitero, aquí no hay más que opiniones, en razón de la ausencia de un juicio magisterial enunciado dogmáticamente.
34. ¿Y Mons. Lefebvre? ¿Conoce Ud. ejemplos de gracias concedidas por su intercesión?
— Sí, se conocen, y se conocen bastantes. No sé si corresponden al orden de los milagros… tal vez sí en un caso u otro. En el caso de la curación de enfermedades no tenemos, que yo sepa, todos los documentos médicos necesarios. Muchas gracias se conceden por intercesión de Monseñor. No abundo más.
V. LA FRATERNIDAD SAN PÍO X
35. La Fraternidad acaba de festejar un importante aniversario. ¿Cómo resumiría estos cuarenta años?
— Una historia apasionante… lágrimas —muchas—, en medio de grandes alegrías. Una de las alegrías más grandes es la de comprobar hasta qué punto Dios nos permite estar asociados a muchas de las bienaventuranzas que ha predicado en el Sermón de la Montaña, como es aquella de poder sufrir a causa de su nombre. Y en medio de todas las vicisitudes de la crisis actual vemos que esta obra continúa expandiéndose, algo que, humanamente, es casi imposible. He allí la mano de Dios en esta obra de Mons. Lefebvre.
36. ¿Existe un incremento de vocaciones? Si es así, ¿cuáles son las causas?
— Creo que hay una gran estabilidad. Desearía que hubiese más vocaciones. Creo que será necesario relanzar la cruzada de las vocaciones. El mundo es muy hostil, como tal, al surgimiento de las vocaciones; por eso debemos intentar restablecer los medios en los cuales las vocaciones puedan volver a surgir, porque hay vocaciones, pero con frecuencia no llegan a madurar a causa de este mundo materialista.
37. Últimamente, con motivo del Congreso de “Sí Sí, No no”, Ud. habló acerca de una reunión con unos treinta sacerdotes diocesanos de Italia en la que participó. ¿Qué esperan hoy en día de la Fraternidad estos sacerdotes?
— Ante todo estos sacerdotes nos piden la doctrina, lo que es un síntoma excelente. Si se acercan a nosotros es porque quieren la antigua misa, evidentemente, pero después de descubrir la antigua misa quieren otra cosa. Quieren algo más porque descubren todo un mundo de cuya autenticidad son conscientes. No dudan que allí está la verdadera religión. Por eso, necesitan refrescar sus conocimientos teológicos. Allí no yerran, van directamente a Santo Tomás de Aquino.
38. Este movimiento de sacerdotes que se acerca a la Fraternidad, ¿se da por igual, en grados diferentes, en todos los países?
— Existen grados diversos, por cierto, y cantidades distintas según los diferentes países. Sin embargo el fenómeno se reproduce un poco por todas partes: un sacerdote, en general joven, que se acerca a la misa tradicional, que descubre con gran entusiasmo este tesoro y que poco a poco transita el camino hacia la Tradición que, al final, lo transforma en cien por ciento tradicional.
39. ¿Abriga Ud. esperanza de que semejante interés también pueda extenderse a ciertos obispos, al punto de avizorar una futura colaboración?
— Ya tenemos contactos con obispos, aunque por el momento todo está bloqueado por las conferencias episcopales y por presiones circundantes. Pero no cabe duda de que en el futuro con algunos obispos pueda haber alguna colaboración.
40. ¿Está Ud. dispuesto a ensayar la experiencia de la Tradición con un obispo, a nivel de una diócesis?
— Las cosas no están maduras para eso, aún no hemos llegado a ese punto, pero pienso que sucederá. Será difícil, habrá que ver exactamente cómo podrá concretarse. Será preciso que eso tenga lugar con obispos que hayan comprendido realmente la crisis y que verdaderamente quieran que vayamos.
41. Los fieles son cada vez más numerosos. Se multiplican las capillas. El estado de necesidad sigue existiendo. ¿Planea Ud. consagrar otros obispos auxiliares para la Fraternidad? ¿Piensa que Roma podría estar a favor de que actualmente se consagren obispos en la Tradición?
— Para mí la respuesta es muy simple: habrá o no obispos según que las circunstancias imperantes en la primera consagración se repitan o no.
VI. LA EXPANSIÓN DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X
42. Monseñor, tenemos la alegría de verlo con frecuencia en los Estados Unidos. A Ud. le gusta venir. ¿Algún comentario?
— Mi comentario: amo a todas las almas que Dios nos confía y hay muchas en los Estados Unidos. ¡Es todo!
43. ¿Pudo encontrarse ya con el Cardenal Burke?
— Varias veces intenté verlo, pero aún no he podido hacerlo.
44. Muchos obispos de los Estados Unidos dieron su apoyo a la Marcha por la Vida; uno de ellos intervino enérgicamente contra un hospital que favorecía el aborto. ¿Existen esperanzas de que se den cuenta que la crisis actual también afecta la fe?
— Pienso que, desgraciadamente, entre los modernos hay que distinguir la moral y la fe; entonces se podrá ver que hay más obispos lúcidos ante los problemas morales que obispos comprometidos con las cuestiones de fe. Con todo, se puede decir que si alguien se pone a defender valientemente la moral católica, debe necesariamente tener la fe, y aún que su fe se verá fortalecida… Es lo que espero, sin perjuicio de lo cual reconozco que hay excepciones….
45. Los obispos norteamericanos quieren revisar juntos el conjunto de las directivas dadas por Juan Pablo II a las universidades. ¿Cuáles deberían ser, según Ud., las medidas urgentes que habría que tomar para hacer que las universidades actuales sean verdaderas universidades católicas?
— La medida urgente, la primera, es volver a la escolástica. Hay que dar de mano con las filosofías modernas, volver a la sana filosofía, la filosofía objetiva, realista. Santo Tomás —como ya sucedió a comienzos del siglo XX— debe volver a ser la norma. En otro tiempo las 24 Tesis Tomistas eran obligatorias. Hay que volver a eso, es absolutamente necesario. Después de esta restauración filosófica se podrá continuar en la misma línea para con la teología.
46. Mons. Robert Vasa, obispo de Baker (Oregon), recordó recientemente que las declaraciones de la Conferencia Episcopal no obligaban al obispo para con su diócesis. ¿Es un desafío a la colegialidad promovida por el Concilio?
— Sobre este tema de la colegialidad no ha hablado solamente un obispo. El Papa mismo, hablando ante la Conferencia Episcopal de Brasil, dirigió palabras enérgicas, volviendo a poner en su lugar el papel de las conferencias episcopales, insistiendo sobre la autoridad personal de los obispos y sus relaciones directas con el Santo Padre.
47. El Seminario de Winona es el más importante en número de seminaristas. ¿Cómo explica este hecho?
— Pienso que se debe simplemente a la generosidad de este país, que se deja entusiasmar fácilmente por una buena causa.
48. ¿Qué hay que hacer para multiplicar las vocaciones sacerdotales y religiosas?
— ¡Rezar, rezar y rezar! Y hacer sacrificios.
49. ¿Cuáles son los puntos fuertes de la Tradición en los Estados Unidos?
— Pienso que está esa generosidad, a la cual acabo de referirme, y las escuelas. Es verdad que existe una cantidad importante de sacerdotes y que precisaríamos tener más; pero diría que las escuelas, sobre todo, son indispensables. Del mismo modo hay que promover la ayuda a las familias tradicionalistas. Debemos montar un movimiento para las familias, para sostenerlas, para formarlas. Es la célula básica de la sociedad, es fundamental en el orden natural y en el orden sobrenatural.
50. ¿Cuál es la importancia que Ud. asigna a las escuelas?
— Es fundamental, es el futuro. La juventud será católica supuesto que reciba una buena formación. Y para eso precisamos contar con escuelas católicas.
51. Las familias numerosas y generosas a veces se ven obligadas a seguir cursos de educación a distancia. ¿Qué recomienda Ud. a las que tienen a la mano buenos colegios?
— Las que tienen a la mano buenos colegios no deben dudar un instante: ¡que pongan a sus hijos en estos colegios! La educación a distancia nunca reemplazará una buena escuela. Si no hay un buen colegio, la cosa es totalmente distinta.
52. ¿Planea Ud., Monseñor, convocar a una nueva cruzada de rosarios? ¿Qué recomienda a los fieles en la actualidad?
— ¡Sí! La situación del mundo, la situación de la Iglesia —se ve muy bien—, continúa siendo muy sombría; aún si hay algunos atisbos de esperanza, los factores inquietantes obligan, más que nunca, a intensificar nuestras plegarias, recurriendo a la Santísima Virgen. Para los fieles de hoy en día lo indispensable es la oración, la oración en familia, reiterada, frecuente, acompañada de lo que educa el alma cristiana, el espíritu de sacrificio.
VII. A MODO DE CONCLUSIÓN
53. Monseñor, el año que viene Ud. celebrará sus treinta años de sacerdocio, de los cuales dieciocho estuvo al frente de la Fraternidad San Pío X. ¿Cuáles fueron los acontecimientos más significativos a lo largo de todos estos años?
— ¡Es toda una novela! ¡Lo primero que hay que mencionar, por supuesto, son las consagraciones! Entre los acontecimientos importantes está también la alegría de haber estado cerca de Monseñor, la alegría de haber estado cerca del Padre Schmidberger, y de haber aprendido mucho junto a ellos; la alegría de haber podido trabajar también junto a los otros obispos de la Fraternidad, como con todos nuestros sacerdotes, en este gran movimiento de celo por la fe, por el sostenimiento de la Iglesia católica.
54. ¿Un deseo para los años por venir?
— ¡Que la Iglesia vuelva a su quicio! Es una imagen, pero es verdaderamente nuestro deseo. ¡Y para eso es preciso que advenga el triunfo del Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen! ¡Lo precisamos tanto!
Muchas gracias, Monseñor, por su disposición a responder a nuestras preguntas.
Fuente:
Entrevista concedido por Mons. Bernard Fellay al Distrito de Estados Unidos, 2 de Febrero de 2011, Tomado del sitio de la FSSPX en Estados Unidos. Traducido y publicado por el Distrito de Sudamérica.
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