-LIBERTAD DE EXPRESION-

"Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideraciones de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección y gusto."

"No he venido a traer paz, sino espada" San Mateo. X,34


martes, 28 de febrero de 2012

IDENTIDAD CATOLICA Y EL ISLAM




IDENTIDAD CATÓLICA Y EL ISLAM



Ante los acontecimientos recientes y no tan recientes, en los que se contempla el enfrentamiento desigual entre el judaísmo y el Islam, Identidad Católica quiere exponer su posición ante este problema.

Con cierta frecuencia nos llegan correos en los que la gente nos pregunta con perplejidad o mala fe por qué atacamos al judaísmo y no al Islam. La pregunta en sí demuestra un gran desconocimiento de la historia de la Iglesia y de la situación actual. La respuesta es sencilla: en primer lugar seguimos las enseñanzas de Dios y de su iglesia, y después, el Islam no corrompe la doctrina cristiana ni fomenta la secularización, no se infiltra en los obispados y seminarios mediante la masonería, ni tiende sus tentáculos usureros hacia el Vaticano y los pueblos trabajadores, el Islam no ha fomentado herejías en el Cristianismo ni ha arrancado una parte con el cisma Protestante... en definitiva, el Islam ha sido enemigo brutal y militar de Occidente, no los ministros del Anticristo, que trabajan insidiosamente entre las sombras. Para nosotros el Islam es enemigo secundario, el judaísmo es el Anticristo.

Ocurre frecuentemente que los amigos de los judíos se ceban en el odio antiislámico para cubrir sus lealtades y los "derechistas" e incluso alguno "racistas" se adhieren a la provocación, cayendo en la trampa, confundiendo tal expresión de rechazo a los musulmanes con una postura de autodefensa de occidentales blancos y cristianos.

Por otra parte, también cunde en un Occidente "secularizado" (es decir, judaizado), una mitificación del Islam, cuando ha sido siempre enemigo mortal de la Cristiandad. El Corán es incompatible con el Nuevo Testamento, su iconoclastia es opuesta a nuestra representación de imágenes, su concepción de Dios es opuesta a Jesucristo y a la Santísima Trinidad, etc. Son generalmente occidentales que han perdido la fe en Cristo por diferentes razones, los que se dejan llevar a otras religiones y filosofías como sustitución, predominando el budismo y el islamismo.

Occidente es cristiano, y si deja de serlo desaparecerá. La religión, la raza, la patria, la cultura, la familia, el arte, el honor, son valores de una Cultura, de una Civilización. Todos son necesarios y ordenados jerárquicamente son buenos y dignos de ser defendidos. Hoy vivimos en la era de pansexualismo judío y de la dictadura de la atomización, donde cada cual escoge lo que le ofrece el "Gran Bazar Leví" como si fuera libre, sin darse cuenta que la mayor parte de las defecciones de las filas de la Cristiandad son producto del triunfo judío dentro y fuera de la Iglesia.

¿Cuál es nuestra postura ante el Islam y los musulmanes?

Nosotros somos católicos, cristianos en un sentido más amplio. Occidente es cristiano aunque por obra de los judíos los occidentales estén dejando de serlo. Igual que están dejando de ser blancos, que se están volviendo materialistas y usureros, etc. Nuestra lucha es espiritual y terrenal. Tenemos un enemigo que corrompe por igual a la Cristiandad y al Islam. Desde el punto de vista religioso, ambas religiones son incompatibles, enemigas doctrinales, pues la afirmación de una supone la negación de la otra. Pero podría ser que esa enemistad milenaria y los exterminios de cristianos en el Norte de África, Oriente Próximo, los Balcanes, España, etc., se dejaran a un lado para poder salvar ambas civilizaciones del ácido corruptor judío.

No queremos a musulmanes en las tierras de Occidente, ni queremos a occidentales en la tierras musulmanas. Mi sueño es que cristianos y musulmanes nos unamos para acabar con el poder totalitario del judaísmo, y que posteriormente se conviva en armonía volviendo los musulmanes a sus países y los cristianos a los suyos. Cristianos, musulmanes, budistas, cada cual en su espacio vital.

Yo entiendo al musulmán que ve como “Occidente” amenaza con corromper su civilización. Pero que no confunda al verdadero Occidente con el Occidente esclavo de los judíos, a los gobiernos lacayos con los pueblos esclavizados.

Si los musulmanes quieren la guerra santa contra Occidente y expandir el Islam al mundo entero cometen un error, y nosotros seremos los primeros en combatir con las armas a los musulmanes, como ya lo hicieron nuestros antepasados. Muchos santos afirmaron que las ciudades y los reinos debían ser homogéneos en sus gentes para evitar hostilidades y odios, y otro que se debía expulsar a los moriscos de España (San Juan de Ribera). Nuestra posición se resume: Nada contra el Islam (todos los esfuerzos por evangelizarlos han fracasado), musulmanes en sus países, juntos ante el enemigo común, separados después. No a las mezquitas en Europa y no a las profanaciones de la iglesias católicas con reuniones de musulmanes. Ofrecemos reciprocidad, si no habrá conflicto y lucha.

Hace unos meses, en uno de esos típicos encierros de emigrantes en los templos católicos españoles, le preguntaron a un musulmán que porqué no se encerraban en las mezquitas. A lo que contentó: "En la mezquita no porque es un lugar santo".

Lo cual nos "gustó" mucho a los cristianos... y nos hizo meditar sobre muchas cosas.

Aprendamos de los musulmanes la fidelidad a su religión y su fiereza en el combate. Ahora mismo son el único oponente real del Gobierno Mundial Satánico en el plano natural.

martes, 21 de febrero de 2012

ANTONIO TEJERO MOLINA: MI PADRE



CARTA DEL HIJO DE ANTONIO TEJERO...

ANTONIO TEJERO MOLINA: MI PADRE

Aquel 23 de febrero de 1981, muy temprano, salimos de casa... Yo sabía lo que ocurriría... Sin embargo, el silencio era la expresión más simbólica del cariño que se puede dar a un padre que en esos momentos atravesaba unos de los momentos mas difíciles de su vida. Había vivido momentos de angustia, de terror. Noches en vela, acompañadas de desconciertos en una España que los españoles desconocían. Noches de zozobra que acompañaban a un hombre al cargo de las tierras vascas y con el encargo de acabar con el terrorismo... Muertes sin compasión de manos de ETA, traiciones de ideales, injusticias, quejas de viudas, órdenes para quemar una bandera que, después, fue legalizada y que causó tantos y tantos muertos...

Todo era incomprensible para un joven que creció con el dolor, la inquietud, el temor y el deseo irrefrenable de una España coherente... Ese joven era yo, ahora sacerdote de Jesucristo, pero sin dejar de ser hijo de mi padre, del cual me enorgullezco plenamente. Aquella mañana del 23 de febrero acompañé a mi padre a la celebración de la Eucaristía en la capilla que hay frente a la Dirección General de la Guardia Civil. Momentos de silencio, de oración profunda, de contemplación sincera de un hombre creyente que sabía cuál era su deber, que conocía las órdenes recibidas y que no quería por nada del mundo manchar sus manos de sangre (como así fue).

Un hombre de uniforme, de rodillas ante el Sagrario y el altar del sacrificio: mi padre. Suponía para mí un ejemplo de gallardía que nadie me hará olvidar, el testimonio fiel de un creyente coherente con el juramento que había hecho años atrás... No había palabras, sólo silencio, recogimiento y oración sincera. Al salir de la capilla, con una mirada penetrante -y me atrevería a decir que trascendente-, contempló la Bandera Nacional y, con voz serena, tranquila y gallarda, me dijo: «Hijo, por Dios y por Ella hago lo que tengo que hacer...». Y, con un beso en la mejilla, se despidió de mí. Un beso tierno de padre, pero que también sonaba a despedida: la despedida de un hombre que teme que no volverá a la vida... y eso pensé yo también.

Y, con el gozo de amar a mi padre con locura, volví a mi casa para acompañar a aquella que simbolizaba -en aquel momento y siempre- los valores de la mujer fuerte de la Biblia: mi madre. Esa gran mujer que ha sabido hacer, de su existencia, una entrega victimal y heroica a Dios, a España y a su familia -valores en los que fue educada a lo largo de todo su vida y que sigue mostrando, en el otoño se su existir, con una entrega amorosa a todos nosotros-. Pasamos la mañana con serenidad... El silencio era la elocuencia de nuestro pesar, mientras que el tiempo se convertía, segundo tras segundo, en el traicionero «reloj» que nos hacía pensar en aquel momento.

No sabíamos más ni menos. Realmente, nos dolía España, mi padre y el momento en sí; aunque nos tranquilizaba la certeza, según nos habían dicho, de que el Rey apoyaba y ordenaba tales hechos. Era un acto de servicio más, en un momento crítico, por el cual atravesaba nuestra Patria. Y pasó lo que toda España conoce y lo que los medios transmiten (aunque no con toda la veracidad que debieran). No voy a entrar en polémica... ni quiero, ni debo. Pero sí deseo aclarar algunos puntos que conozco, que siento míos y que viví con intensidad aquella noche. Y deseo hacerlo desde el sosiego, desde la paz que, cada día, me regala Cristo y desde la serena sabiduría de los años que te hacen asentar pasiones y discernir la verdad como realidad de la vida.

No voy a revelar nada del 23F, el silencio de mi padre me obliga a callar. Sin embargo, no puedo dejar en el olvido las grandezas de un gran hombre.

Es por ello que, ante las distintas informaciones y publicaciones de estos días en distintos medios de comunicación, quiero y deseo expresar lo siguiente: mi padre es un hombre de honor, fiel a sus principios religiosos y patrióticos; es coherente y sincero. Es un militar de los pies a la cabeza, consciente de sus responsabilidades, entregado a sus hombres. Es un hombre cumplidor, trabajador hasta el extremo, leal ante el significado de la palabra juramento y fiel al mismo. Es un hombre sereno, sencillo, disciplinado y amante de la verdad. No es violento, ni agresivo. Es templado, sensato, sereno, inteligente y capaz de discernir con coherencia una realidad aparentemente absurda e incoherente como parece que fue el 23F.

Es un marido ejemplar. Un padre extraordinario. Un hombre excepcional. Un amigo fiel. Un español honorable y un cristiano sincero y veraz. Mi padre es mi padre. Me duele la falta de información y coherencia. Me duele ver cómo todos aprovechan el «silencio» de un hombre para intentar destruirle... quizá por miedo a su palabra... Me duelen tantos programas y tan poca veracidad...

Quiero a mi padre con locura. Es por ello que ruego y aliento a todos aquellos que creen en la libertad de expresión, para que sean tan audaces y coherentes como para publicar estas pobres palabras que tan sólo manifiestan los sentimientos de un hijo por su padre.

Un hijo que se siente orgulloso de su padre y de que éste se llame: Antonio Tejero Molina.

Ramón Tejero Díez
14-Febrero-2009