-LIBERTAD DE EXPRESION-

"Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideraciones de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección y gusto."

"No he venido a traer paz, sino espada" San Mateo. X,34


martes, 17 de agosto de 2010

LA CRISIS DEL MUNDO MODERNO



René Guenon

La verdad es que, en la edad media, los elementos célticos subsistentes han sido asimilados por el Cristianismo; la leyenda del «Santo Grial», con todo lo que se relaciona con ella, es, a este respecto, un ejemplo particularmente probatorio y significativo. Por lo demás, pensamos que una tradición occidental, si llegara a reconstituirse, tomaría forzosamente una forma exterior religiosa, en el sentido más estricto de esta palabra, y que esta forma no podría ser más que cristiana, ya que, por una parte, las demás formas posibles son desde hace mucho tiempo extrañas a la mentalidad occidental, y, por otra, es únicamente en el Cristianismo, decimos más precisamente aún en el Catolicismo, donde se encuentran, en Occidente, los restos del espíritu tradicional que sobreviven todavía. Toda tentativa «tradicionalista» que no tenga en cuenta este hecho está inevitablemente abocada al fracaso, porque carece de base; es muy evidente que uno no puede apoyarse más que sobre lo que existe de una manera efectiva, y que, allí donde falta la continuidad, no puede haber más que reconstituciones artificiales y que no podrían ser viables; si se objeta que el Cristianismo mismo, en nuestra época, ya no se comprende apenas verdaderamente y en su sentido profundo, responderemos que al menos ha guardado, en su forma misma, todo lo que es necesario para proporcionar la base de que se trata. La tentativa menos quimérica, la única incluso que no choca con imposibilidades inmediatas, sería pues aquella que apuntara a restaurar algo comparable a lo que existió en la edad media, con las diferencias requeridas por la modificación de las circunstancias; y, para todo lo que está enteramente perdido en Occidente, convendría hacer llamada a las tradiciones que se han conservado integralmente, como lo indicábamos hace un momento, y cumplir después un trabajo de adaptación que solo podría ser la obra de una élite intelectual fuertemente constituida. Todo eso, lo hemos dicho ya; pero es bueno insistir aún en ello, porque actualmente tienen libre curso muchos delirios inconsistentes, y también porque es menester comprender bien que, si las tradiciones orientales, en sus formas propias, pueden ciertamente ser asimiladas por una élite que, por definición, en cierto modo, debe estar más allá de todas las formas, jamás podrán serlo sin duda, a menos de transformaciones imprevistas, por la generalidad de los occidentales, para quienes no han sido hechas.

domingo, 15 de agosto de 2010

NACIONALSOCIALISMO Y CRISTIANISMO




Nacionalsocialismo y Cristianismo

Joseph Lortz

Afinidades fundamentales entre el catolicismo y el Nacionalsocialismo.

a) Ambos son enemigos mortales del bolchevismo, del liberalismo y del relativismo, (escrito antes del Concilio Vaticano II) enfermedades mortales de la época, que conducen a la disolución y que son los principales enemigos de la labor de la Iglesia. Las ideas fundamentales para el nacionalsocialismo de la autoridad y libertad, esto es, al servicio del pueblo, corresponden exactamente a las enseñanzas que Gregorio XVI y Pio IX expusieron en el siglo XIX, entre las risas irónicas de todo el llamado mundo del progreso; además de esto, ambos son enemigos de la masonería.

b) La lucha común contra el movimiento ateo, contra la inmoralidad pública, contra la nivelación destructora de la verdadera vida, por una articulación fructífera, plena de sentido y entregada a Dios, de la sociedad humana y por la estructuración corporativa de la sociedad, pedida por León XIII y Pio IX ( Encíclica “Quadragésimo anno”); abogar por el derecho a una existencia digna del trabajador manual y del campesino; contra la desnaturalización y falta de tradición de las grandes aglomeraciones urbanas y fabriles modernas.

c) Por su cristiana exigencia básica: el bien común está antes que el propio; por la más amplia acentuación en la prerrogativa de la comunidad ante el individuo; por la comprensión de la necesidad de la forma política, a partir de la cual el individuo puede vivir su vida más profunda; por la construcción de toda vida sobre la idea de la jefatura (Führergedanke) y de la autoridad (en lugar de sobre el principio mecánico del número, o sea, de la mayoría).

d) Quizá lo más importante: El nacionalsocialismo es confesión (Bekenntnis). Frente a la duda y la incredulidad que todo lo destruyen trae de nuevo a los más amplios sectores la vivencia de que la postura creyente no es nada incierto o inferior, como el liberalismo había sostenido para toda la sociedad, si no lo que realiza plenamente al hombre. Aun cuando la Iglesia no se identifique nunca con movimiento alguno, no puede por menos que saludar agradecida a este poderoso aliado en la lucha contra el racionalismo ateo.